lunes, 29 de enero de 2018

La medición del tiempo

Aunque no lo parezca por esa trampa de las percepciones, la medición del tiempo no es caprichosa. Obedece a leyes naturales y nos asiste en nuestra necesidad de medir estaciones, cosechas, días y noches, acontecimientos que de todos modos serán aun sin nuestro control.
A decir verdad, es poco o nada lo que uno controla. Mucho menos cuando se trata del tiempo.
Si dejáramos solo al planeta, permitiendo que crezca y se desarrolle a su propio pulso, lo haría en su medida y según sus propias necesidades.
Si en cambio, un día dejamos abruptamente sin cuidado a todo el metal, el cemento, el plástico con el que la humanidad sella, cubre, bloquea, obstruye, maltrata al planeta, en ¿cuánto? ¿mil, diez mil años? no quedaría registro de nuestro paso por estos rincones del universo.
¿Para qué medir el tiempo, entonces?
Tal vez para saltear aquella trampa de las percepciones y aprender, de una vez y para siempre, lo frágil de nuestro paso y el respeto por el mandato del orden natural de las cosas.

Leído en la apertura del programa 355

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