martes, 1 de agosto de 2017

¿Cuál es mi río?

¿Cuál es mi río, aquel que besa mis hojas,
como a las hojas del sauce que se las brinda?
¿Cuál lava mis piedras, como lava aquellas
que se asientan y reposan a su vera, plácidamente,
o las mantiene limpias, como a las que se duermen
bajo su superficie y mansamente se dejan?
Río, río mío que sé fluir, unas veces sereno y otras no,
¿En dónde  estás? ¿Serás aquel que diviso de lejos,
y que presiento, intuyo mío, de mis desvelos?
Por lo pronto, hacía tu cantar camino.
Tu voz de agua me guía y te siento destino.
En mis desvelos te percibo, y en mis desvaríos,
y mojar mis pies y hasta bañarme allí deseo.
¿Cuál será mi río? ¿Cuál, su discurrir?
¿Cuál será su caudal, su abundancia, su profusión?
En su fluir ahogaré mis ansias y mis penas,
y cuando haya yo arribado, me daré cuenta sin dudar:
ese, mi río, río mío, eras vos.

Leído en la apertura del programa 333

sábado, 29 de julio de 2017

Corre como un río

Río del tiempo, corre como un río.
Nunca se detiene, como un río.
Cansado de poner mis manos
intentando detenerlo,
y solo saber que me ignora
y sigue de largo
comencé a apreciarlo,
a ver su caudal e imitarlo,
a contener y brindar vida
como él lo hace.
A dejar que me crucen
para llegar al otro lado,
cualquiera sea ese.
Que no me llamen río
no me preocupa.
Solo me ocupa sostener el gusto
por seguir corriendo.

Leído en la apertura del programa 332.

sábado, 22 de julio de 2017

Sueños y caminos

Bienaventurados aquellos que soñaron sueños y hoy los caminan, porque puede suceder que los sueños aquellos se esfumen, y la vida se convierta en un continuo caminar soñando nuevos.

Bienaventurados entonces, aquellos que cuando son abandonados por sus sueños o los pierden por el camino sueñan otros nuevos, mejores o peores pero necesarios para caminar.

Porque no es posible caminar sin sueños, sin correr el riesgo de dormirse parado en el mismo lugar.

Leído en la apertura del programa 331

sábado, 8 de julio de 2017

Una vez... truz

-Había una vez... truz, dijo, siguiendo con el chiste con el que venía insistiendo desde hacía un rato largo. Demasiado largo. Ya no estamos para esas bromas infantiles.
-¿Podés terminarla con eso?
-¡Dale! ¡Si es tan divertido!
Cuando me pone esa cara de cachorrito pidiendo que le arroje la pelota, como me hace ahora, juro que la odio. Bueno, que me gustaría odiarla, porque no puedo.
-¿Cuántos elefantes entran en un FIAT 600?
Apa. Parece que viene para largo la cosa.
-No sé y no me interesa, le ladré a la cara.
-La verdad, sos un animal, me dijo con un mal disimulado enojo.
-Bueno, ahí tenés un insulto muy en contexto, respondí como hablando al aire.
Entonces soltó una carcajada.
Al final parece que el gracioso soy yo.
Me empieza a gustar este juego.

Leído en la apertura del programa 329.

sábado, 24 de junio de 2017

Felices perdedores

Me gustan los perdedores. Mejor dicho, aquellos que los llamados ganadores llaman perdedores.

Me gustan los perdedores, porque escriben canciones e historias. No como los ganadores, que escriben discursos y, Dios nos libre, publicidades.

Me gustan los perdedores porque labran, plantan, cosen, tejen, tallan, pintan, marchan, claman, aman, juegan. Son felices, no como los ganadores, que la compran en cuotas. A la felicidad, digo. Esos que necesitan robots para fabricar, bonos para comprar o lodo para embarrarse, no me gustan. Aunque se llamen a sí mismos, ganadores.

Deberíamos revisar el patrón de nuestra medida, porque si confundimos ganadores con perdedores estaremos llamando felicidad a otra cosa. Y eso sí es perder.

Leído en la apertura del programa 327

sábado, 10 de junio de 2017

Nueve posibilidades de no entenderse

Encontré, recorriendo las redes sociales, un texto que dice lo siguiente,

"Entre lo que pienso, lo que quiero decir, lo que creo decir, lo que digo, lo que quieres oír, lo que oyes, lo que crees entender, lo que entiendes, existen nueve posibilidades de no entenderse."

Decimos nosotros, pergeñar frases tales como "las redes sociales falsean la verdad" o "los medios mienten" tal vez solo sea el relato del olvido de una obviedad: el mundo es mundo y lo hacemos nosotros. Y sí, entre nosotros existen nueve posibilidades de que no nos entendamos.

Despersonalizar es peligroso por lo engañoso, y claro, se podría pensar que en muchos casos se prefiere o se elige no recordarlo.

En ese estricto sentido, cualquier medio es un medio de incomunicación.

La intención de comunicar, la composición y codificación del mensaje, su decodificación y finalmente, su interpretación por parte de un receptor, es todo un trabajo de por sí. Y eso lo hacemos las personas.

La comunicación es un asunto muy humano y como tal, frágil, delicado, de éxito esquivo, sólo apto para dedicados.

Leído en la apertura del programa 325

sábado, 27 de mayo de 2017

Agrotóxico

La palabra agrotóxico no está en el Diccionario de la Real Academia.

Claro, ellos se ocupan de lo correcto de la lengua y no de cosas del corazón, ni siquiera del cerebro, mucho menos del hígado o los pulmones que se pudren, envenenados. Al César lo que es del César.

Es muy vivaz la palabra agrotóxico, con perdón de la palabra: se esconde, se disimula, se acomoda y duerme entre los labios de ciegos guías de ciegos que creen que la peste no los alcanzará.

Pido perdón por decirla. A la palabra vivaz, digo. Pido perdón porque trae tanta enfermedad y muerte, que suena a insulto a las víctimas esconderla detrás de palabras tan peste como fitosanitarios, o cosas así.

Un organismo oficial acaba de prohibir el uso de la palabra agrotóxico, con la misma perversa ingenuidad con que otros perversos prohibieron libros o razas o religiones, suprimiéndolos en la falsa creencia de suponer que silenciar es ocultar.

Un organismo oficial, justamente el responsable de cuidarnos de ellos, prohibió la palabra agrotóxico.

Agrotóxico agrotóxico agrotóxico  agrotóxico  agrotóxico  agrotóxico  agrotóxico agrotóxico...

¿Entendés?

Leído en la apertura del programa 323

sábado, 13 de mayo de 2017

Yo decido cuánto

La vida en círculos.

Va de suyo la pena.
Y va de suyo el dolor.

Y en círculos concéntricos,
también la alegría y la lucha,
y crecer y cambiar.

Ver.
Mirando.
Adentro y afuera.
Quedándose con uno
y con otro sabor,
color, gusto, sentidos.

Cayendo, salvando,
saltando, riendo,
mostrando, guardando,
tomando y soltando.

Un principio y un final
y otro principio.
Otro comienzo que augura
más de lo mismo,
pero diferente.

El mismo dolor, la misma pena,
la misma alegría, el mismo cambio,
pero diferente.

Dicen que duele crecer.
Y que va a suceder de todos modos.
Es la vida, que hace,
yo decido cuánto.

Leído en la apertura del programa 321

sábado, 29 de abril de 2017

Terrapiramidistas

Con el fin de terminar con una muy antigua y persistente contienda conspiranoica, la Agencia Espacial Mundial convocó al más conspicuo miembro de Pyramidal Earth Society, la organización que promueve la idea de que la Tierra es una pirámide en vez de un esferoide oblato, como suele afirmarse, para un debate que finalmente zanje las diferencias.

Helmunt W., de él se trata, arribó a la Base de Cabo Deng Xiaoping, ubicada en Stubborn City, para comenzar las deliberaciones, que anticipaba arduas. Pero estaba confiado: la Society y millones de internautas conspiranoicos lo respaldaban.

Luego de un mes de discusiones, por momentos virulentas, la Agencia dio por finalizado el encuentro. La prensa esperaba con su habitual voracidad las declaraciones de Helmunt W. a la salida del encuentro. ¿Qué diría? ¿Cuáles serían sus conclusiones del encuentro? Y lo más importante, ¿Quién sería el ganador de la contienda, estableciendo la verdad final? ¿Cambiaría la historia de la ciencia y la investigación con una declaración de la piramidalidad de nuestro planeta?

Finalmente, Helmunt W. se enfrentó a los ávidos micrófonos, y su declaración sacudió al planeta:

-Luego de las deliberaciones y la evidencia presentada por la Agencia, dijo, debo reconocer públicamente que estábamos equivocados: la Tierra es un esferoide oblato y no una pirámide.

John P. y Michael J., que interrumpieron el troleo al sitio de la Agencia con evidencias sobre la forma piramidal de la Tierra para ver por TV las declaraciones del más conspicuo miembro de Pyramidal Earth Society, se miraron.

-A este tipo le lavaron el cerebro, dijo John. Y siguió escribiendo como si nada. Quedaba mucho trabajo por hacer.

Leído en la apertura del programa 319

miércoles, 22 de febrero de 2017

Sobre libros, caricias y el asombro

-Pst... ey, sí, vos... soy yo, leeme...

El atrevido me llama desde aquí al lado, sobre mi escritorio. Sí, es solo un libro, solo papel, pero como todos los libros de papel cobra vida cuando se siente feliz, temeroso, aventurero, atrevido, enigmático, raro, intenso, demandante o, como en este caso, abandonado.

Si algún objeto tiene voluntad propia, ninguno como el libro. Algún desprevenido podría pensar que es solo un objeto inerte, pero no: contiene historias. Y las historias le dan vida, así como el libro le da vida a las historias, porque las contiene. Contenido y continente, indivisibles, entrelazados en una simbiosis artificial que opera tan naturalmente que asombra a algunos y asusta a otros, los insensibles.

-Dame un rato. Termino esto que estoy haciendo y te abro -le respondo.

Pero casi sin darme cuenta mis pensamientos me llevan a otras ideas, otras historias que me invento.

-¿Y qué pasa -me digo-, qué les pasa a mis libros, unos acostados, otros de pie, todos mezclados, que conviven en mi biblioteca? ¿Será que el Capitán Ahab espera a la deriva en un mar calmo a que yo continúe con la lectura, mientras Moby Dick da rondas, mansa, en torno al bote? ¿Será que hago vivir, en mi demora, tanto a Dorian como al retrato en un eterno presente? ¿Será que Alicia permanece en caída eterna, que Casaubon se aburre en la permanente espera de la noche inminente, que Arregui y Molina perpetúan su noche, Fabio Cáceres su partida, Erdosain su revolución?

Especulando con algunas respuestas a tanto interrogante vuelvo a sumergirme en mis labores.

Me fastidia tener que distraer mis pensamientos y ponerme a trabajar, pero al mismo tiempo me hace feliz la idea de que aquellas historias y sus continentes continúen allí, a la espera de la caricia de mis manos y el asombro de mis ojos, incansables.

sábado, 18 de febrero de 2017

Anoche soñé

Anoche soñé que era un hombre.

El sueño en cuestión comenzó de una forma un poco aterradora: miraba mi cuerpo y lo veía mutilado, sólo tenía brazos y piernas. De a poco, al acostumbrarme a la idea, mis movimientos se hicieron menos torpes. Hasta más elegantes, me atrevo a afirmar.

Finalmente comencé a moverme entre los otros humanos como uno más, a juzgar por la forma en que los transeúntes me miraban y me saludaban. Algunos de ellos, al menos.

Seguramente esas bayas tan fragantes de un violáceo sospechoso, que engullí con verdadera avidez, han sido las causantes de aquel extraño sueño.

La experiencia de ser un hombre fue muy vívida: comía, bebía, corría, trabajaba, hacía el amor y me reía por tonterías. Pero también despreciaba, maltrataba, depredaba y hasta mentía del mismo modo en que cualquier hombre lo hace.

Mi primer pensamiento al despertarme fue de incredulidad: ¿cómo es posible que el hombre viva de ese modo? Luego, me tranquilicé al comprender que mis propios hijos y aun el planeta entero sobrevivirán sin su presencia, no importa el daño que causen.

Casi sin darme cuenta, ese feliz pensamiento me impulsó al cielo, moviéndome ágil en mi hogar entre los vientos, sintiéndome dueño de la Creación por el simple hecho de volar con mis propias alas.

Leído en la apertura del programa 314

jueves, 26 de enero de 2017

Cuerda cordón

Casi todas las tardes, el cordón de la vereda se revela a modo de cuerda tendida entre los dos postes de la carpa, como en el circo.

Los dos brazos extendidos, como si sostener el equilibrio fuera importante, yéndose la vida en ello.

La amenaza del hilo de agua que sale por los caños y corre paralelo al cordón se convierte en la épica de la tarde, al menos hasta que se apaguen las luces de la pista y el juego deje de ser solitario al solo anuncio de la compañía en el eco de la pelota rebotando en el zaguán.

A veces la cuerda-cordón muta en pista, y el autito de plástico recargado de plastilina cobra velocidades insospechadas, con el piloto favorito de todos al volante.

Pero esa otra emoción dura poco. Muy pronto, la alquimia de casi todas las tardes troca nuevamente el granito en cuerda, una que va de acá hasta la esquina y que por un milagro de niños se pega bien fuerte a las suelas de las zapatillas.

Leído en la apertura del programa 315

Verme en vos

La fragilidad del cristal que me refleja
no sabe de velos ni de vientos.
Me miro en él y solo yo lo veo.
Y aunque mis cenizas me prefieran,
alcanza con abrir la puerta de mis deseos.

Y caigo por un acantilado.

En el fondo, solo rocas y huesos
y nubes y pensamientos.
Me niego, no quiero asomarme,
pero mis pies no resisten
la tentación de mi piel.

Y voy por más.

Rompo los espejos,
seco los lagos,
represo los ríos,
pinto mi ventana.

Solo quiero verme en vos.

Leído en la apertura del programa 308