sábado, 27 de junio de 2020

Distintos tiempos, diferentes lugares

Se conocieron casualmente, de paseo ambos por el parque de la ciudad. Conversaron larga y animadamente esa tarde, se dijeron cosas, tejieron historias, rieron juntos.

Fue la última vez que coincidieron en espacio y tiempo.

Porque inexplicablemente cayó sobre ellos una especie de maldición, una condena a vagar por esta vida y por este mundo sin volver a encontrarse. Aunque lo desearan, a pesar de anhelarlo, por más que lo buscaran, no volverían a encontrarse. Jamás.

Cuando él llegaba a la ciudad Tal, ella ya había partido. Cuando ella arribaba al pueblo Cual, él ya no estaba porque había partido hacia Aquel. Y así en más, vez tras vez, año tras año.

Podría suponerse que en estos tiempos de hipercomunicación las cosas serían más sencillas. Porque claro, al inicio de la relación la correspondencia principalmente era el medio, su manera de saberse cerca -y no la telefonía de larga distancia, fuera de su alcance. Y con cierta dosis de razón sospechaban que la morosidad del Servicio de Correos tenía gran parte de la culpa de sus desencuentros. Cuando arribaba la correspondencia, ya era tarde. Él ya estaba en otro lugar, ella ya había partido de otro sitio.

Pero no. Ni el correo electrónico, ni los mensajes de texto, y ni siquiera la mensajería instantánea, todos ellos onmipresentes e impertinentes, nada podían contra aquel estigma del desencuentro: él y ella no llegaban jamás a coincidir en el mismo espacio y tiempo.

Aún hoy, si se les pregunta ellos afirman que lo lograrán, en algún lugar algún día lo conseguirán, aunque íntimamente guarden el inefable anhelo de que aquel encuentro no se de muy tarde, demasiado tarde.

Ellos desean estar frente a frente y sentir que se agita su respiración.

martes, 23 de junio de 2020

Caen las cenizas

(Escrito por Diego Lambertucci. ¡Gracias, Diego!)

Caen las cenizas levemente
que volvieron el cielo gris
mientras siento en la garganta y la nariz
olor a humo,
perfume a fuego,
aroma a saqueo,
fragancia a desidia
hedor a vagancia y complicidad política.
Las islas arden,
el río corre,
gira la rueda
de las estaciones
y todo pasa.

Ni bien se pueda
los cascos de fibra
surcarán el lecho
plagado de plaguicidas
y soda caustica
con que curamos
las semillas que comemos
y la pulpa de los árboles talados
para nuestros afiches
y la hoja de papel en la que escribo.

Nuestra presencia
proporcionalmente directa
a la ausencia del resto de los seres
al igual que el arco iris
sobre la superficie del agua.

Motores que mueven y matan,
como el fuego,
como nosotros.

¿Si estamos tan caliente por qué no explotamos?
Porque se nos hace tarde…



Leído en la apertura del programa 451

jueves, 11 de junio de 2020

Gente de bien

Me desagrada quién se ríe de todo tanto como quién no sabe reír.
Rechazo el sarcasmo tanto como amo la ironía.
Detesto los fanatismos tanto como admiro las pasiones.
Prefiero el murmullo antes que el grito, y adoro a quién puede estar en silencio.
Respeto a quién puede estar solo y lo disfruta, tanto como a quién ama la compañía.
Me gusta ver a quién disfruta su trabajo sin perder la vida trabajando.
Me divierte aquel que puede responder "nada" cuando le pregunto qué está haciendo.
Me gusta pensar que se puede ser gente de bien.

Leído en la apertura del programa 453