martes, 10 de noviembre de 2020

El momento del amor

Una suma de favores que se entrelazan 
trepa por mis brazos, atraviesa mi cabeza, 
toca cada una de mis células y se extiende por mi alma.

Nada hacía presumir 
tal explosión de los sentidos.

Si ayer me veías solo en sueños,
hoy el amor me atañe y ya no me transparento.
Ese color, un dolor, es el placer que me produce tu forma de soñar. 

Cuando caiga el día
estaremos convencidos de la vida. 

Aunque nadie nos vea, nos encontraremos sin pesares
y reconociendo en el eco de los sonidos,
el momento del amor.

lunes, 9 de noviembre de 2020

Publicaciones digitales

Hemos editado y publicado digitalmente algunos de los textos contenidos en Nidos con Palabras. Se trata de la serie Instantáneas y de un conjunto de relatos bajo el título Relatos fantásticos y otras verdades.

Ambas publicaciones se pueden bajar haciendo clic desde los links respectivos. 






martes, 20 de octubre de 2020

Amagues

Mil veces hice hoy el amague de llamarte, pero esta vez quedará en la intención. Viste que soy jodido, ya me inventaré otros modos...

Sin dudas, se trata de corporizar en la memoria lo que el cuerpo me niega.

Porque sé, lo aprendí de vos, que las cosas son cuando uno se las apropia creando anticuerpos para el olvido, no cuando las vemos.

El valor de una vida que vive después de vivir se mide, yo creo, por las veces en el día que se siente cerca. Tanto como para llamarte aunque no estés.

Leído en la apertura del programa 468

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Ilusión de mar

'Fui víctima de una ilusión', dijo el Viejo Navegante a la Deriva, mientras observaba el horizonte con la vista nublada de anhelar mareas.

'Ilusión de mar, ilusión de vientos, ilusión de ilusiones', continuó lamentando, casi como un mantra salido de una boca en agonía. 

El aroma, la bruma y la espuma del mar no eran suficientes: el canto de Sirena -de su Sirena- ahogado en puertos, le apretaba el alma como el peso de un ancla con destino de fondo y cadenas rotas.




Presentado en la apertura del programa 464

martes, 25 de agosto de 2020

No digan que no hay más poesía

No digan que no hay más poesía 
y tampoco digan que faltan poetas.
Mientras gire el mundo y las hojas caigan,
y los cuerpos se junten y las caras reflejen
las horas, los días y los para siempre;
mientras los deseos se tienten recorriendo las veredas
y los cielos se limpien luego de cada tormenta,
y en tanto los caminos se abran 
para que los transites sin aduanas ni límites, 
y mientras las bocas se abran a la lluvia
y la sangre recorra tus pasiones,
y sueñes en sueños con una ronda de favores,
habrá poesía y existirán los poetas.
Abramos entonces los oídos del alma.

Leído en la apertura del programa 460

martes, 18 de agosto de 2020

Receta

Tómese un cerebro mal usado, preferentemente sin limpiar de la noche anterior luego de una resaca, aunque no se haya bebido otra cosa que agua o similar. Llénese hasta la mitad de palabras huecas y complétese con oídos sordos. Recórtense y péguense luego párrafos de lo que sea, cuidando de mantener una consistencia firme con las tonterías ya aceptadas. Adórnese con ellas la superficie de la mezcla, y sírvase bien frío. Luego pregúntese por qué su vida está cruda, y encienda el horno. 

Leído en la apertura del programa 462

jueves, 23 de julio de 2020

Futuro

El temeroso no mira al futuro, no se atreve.
El vértigo de lo que vendrá lo ha cegado.
El pesimista lo observa solo para clamar por su oscuridad,
porque el futuro lo asfixia.
El melancólico lo pondrá en borroso espejo con el pasado,
solo como lamento.
El optimista velará por siempre su llegada.
El futuro lo llama, lo atrapa con sus colores,
que de tan brillantes parecen imaginarios.
El sabio sabe que está, que el futuro es aquello
en lo que este presente concluirá y lo respeta.
Aunque no le crea, a veces.
Pero el futuro se define solo a sí mismo.
Ilusión de pocos, vela que se despliega
y navega más velozmente
a medida que el pasado se agiganta a sus espaldas.
Y yo, llegando al final de estas líneas,
aquellas que fueron futuro alguna vez
y serán pasado cuando se lean.
Así de fugaz, es todo.

Leído en la apertura del programa 458

sábado, 27 de junio de 2020

Distintos tiempos, diferentes lugares

Se conocieron casualmente, de paseo ambos por el parque de la ciudad. Conversaron larga y animadamente esa tarde, se dijeron cosas, tejieron historias, rieron juntos.

Fue la última vez que coincidieron en espacio y tiempo.

Porque inexplicablemente cayó sobre ellos una especie de maldición, una condena a vagar por esta vida y por este mundo sin volver a encontrarse. Aunque lo desearan, a pesar de anhelarlo, por más que lo buscaran, no volverían a encontrarse. Jamás.

Cuando él llegaba a la ciudad Tal, ella ya había partido. Cuando ella arribaba al pueblo Cual, él ya no estaba porque había partido hacia Aquel. Y así en más, vez tras vez, año tras año.

Podría suponerse que en estos tiempos de hipercomunicación las cosas serían más sencillas. Porque claro, al inicio de la relación la correspondencia principalmente era el medio, su manera de saberse cerca -y no la telefonía de larga distancia, fuera de su alcance. Y con cierta dosis de razón sospechaban que la morosidad del Servicio de Correos tenía gran parte de la culpa de sus desencuentros. Cuando arribaba la correspondencia, ya era tarde. Él ya estaba en otro lugar, ella ya había partido de otro sitio.

Pero no. Ni el correo electrónico, ni los mensajes de texto, y ni siquiera la mensajería instantánea, todos ellos onmipresentes e impertinentes, nada podían contra aquel estigma del desencuentro: él y ella no llegaban jamás a coincidir en el mismo espacio y tiempo.

Aún hoy, si se les pregunta ellos afirman que lo lograrán, en algún lugar algún día lo conseguirán, aunque íntimamente guarden el inefable anhelo de que aquel encuentro no se de muy tarde, demasiado tarde.

Ellos desean estar frente a frente y sentir que se agita su respiración.

martes, 23 de junio de 2020

Caen las cenizas

(Escrito por Diego Lambertucci. ¡Gracias, Diego!)

Caen las cenizas levemente
que volvieron el cielo gris
mientras siento en la garganta y la nariz
olor a humo,
perfume a fuego,
aroma a saqueo,
fragancia a desidia
hedor a vagancia y complicidad política.
Las islas arden,
el río corre,
gira la rueda
de las estaciones
y todo pasa.

Ni bien se pueda
los cascos de fibra
surcarán el lecho
plagado de plaguicidas
y soda caustica
con que curamos
las semillas que comemos
y la pulpa de los árboles talados
para nuestros afiches
y la hoja de papel en la que escribo.

Nuestra presencia
proporcionalmente directa
a la ausencia del resto de los seres
al igual que el arco iris
sobre la superficie del agua.

Motores que mueven y matan,
como el fuego,
como nosotros.

¿Si estamos tan caliente por qué no explotamos?
Porque se nos hace tarde…



Leído en la apertura del programa 451

jueves, 11 de junio de 2020

Gente de bien

Me desagrada quién se ríe de todo tanto como quién no sabe reír.
Rechazo el sarcasmo tanto como amo la ironía.
Detesto los fanatismos tanto como admiro las pasiones.
Prefiero el murmullo antes que el grito, y adoro a quién puede estar en silencio.
Respeto a quién puede estar solo y lo disfruta, tanto como a quién ama la compañía.
Me gusta ver a quién disfruta su trabajo sin perder la vida trabajando.
Me divierte aquel que puede responder "nada" cuando le pregunto qué está haciendo.
Me gusta pensar que se puede ser gente de bien.

Leído en la apertura del programa 453

martes, 26 de mayo de 2020

El arte del titiritero

Alguien dijo por allí, que la magia del titiritero está en que no se vean los hilos.
Tal vez la fantasía, en el arte y en la vida, contenga en sí el secreto de no saber y aun así, dejarlo ser.
No se trata de magia entonces, sino del deseo de ver solo aquello que te haga feliz.

Leído en la apertura del programa 459

lunes, 25 de mayo de 2020

Contando las horas

Nos cuentan las horas cuando nacemos.
Las cuentan los padres, la escuela, los tíos,
los abuelos, las navidades y los añonuevos.
Luego, nos cuentan las horas las novias,
los jefes, los amigos, las instituciones,
el Estado, los cajeros, el transporte,
las facturas y los sueldos.
Y entonces los hijos, su tiempo es el nuestro,
contando los cumple, las pelelas, los dientes,
los dolores, los médicos, las escuelas,
sus amigos, sus novios, sus maridos y sus partos. 
Y yo, que porfío ya entrado en años,
pretendo contar las propias sin saber,
las horas, en dónde quedaron.

Leído en la apertura del programa 449