lunes, 26 de mayo de 2014

Tabaco

Hay dos cosas que me están matando: el tabaco y tu cuerpo.

Uno de ellos es un vicio atroz que me consume cada vez que me lo llevo a la boca.

El otro es, esencialmente, humo.

Leído en las aperturas de los programas 177 y 328.

sábado, 24 de mayo de 2014

Grieta abierta

Un extraño viraje obligado frente a aquella oscura grieta. 
Una tan abierta y súbita, que sobreviví apenas.

Es una boca de tinieblas que no aplaca siquiera este brillo,
destello que apacigua y apaga la vena abierta.

Un viaje hacia la libertad que es un recorrido a plena luz,
parece cierto cuando me dice qué hacer con este miedo lastre.

Y como todo viaje, se parece tanto este periplo mío
a un sacrificio en ciernes y su descarnado alerta.

Pero algo sería tan doloroso como negar mi suerte:
dejar que la vida siga, áspera de tan inerte.

Leído en la apertura del programa 185.

viernes, 16 de mayo de 2014

Keep calm?

Keep calm. Mantén la calma y posterga en paz.
Tómalo con calma. Take it easy.

"Si tomas la pastilla azul, fin de la historia. 
Despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creer."

Dieciséis mil millones de dosis lo garantizan,
una por cada dólar ganado en el último mes.

"Nosotros te empastillaremos", avisa la Reina,
olvidándose del juego una vez más.

No es fácil comprender hasta dónde llega la madriguera
si uno piensa en las antípodas mientras está cayendo.

Leído en la apertura del programa 175

lunes, 5 de mayo de 2014

Escritas de nosotros

A modo de paréntesis entre dos cielos, el de verte ahora y el de abrazarte luego, hay ausencias que se corporizan en el sólo acto de pensarlas.

En aquel milagro todas las formas parecen posibles. Cómo si estuvieran escritas de nosotros.

Leído en la apertura de los programas 174 y 250

Fin

El día en que me abandone la inspiración, ese día me sentaré y no escribiré lo siguiente.


viernes, 2 de mayo de 2014

No le temo a la tristeza

Ya no le tengo miedo a la tristeza. Es tanto lo que se pierde o simplemente se va, se esfuma o se escurre entre los dedos, últimamente. Por eso ya no le temo.

Y de mucho de aquello que partió no tuve tan siquiera, ya no la fortuna de detenerlo sino una oportunidad de arrepentimiento. O la de esperar simplemente un vuelto. Se es espectador en ocasiones.

Fueron alguna vez y dejaron de serlo, como la misma vida manda. Mi viejo, aquella guitarra, algún sentimiento.

Y entonces sólo queda la sal de una lágrima, la tierna obsesión por una foto raída, apenas una sensación -nada menos- grabada a fuego en algún pliegue del alma. Y cosas así.

Por eso no le temo a la tristeza. Tampoco la niego.

Como que tenemos algo parecido a un pacto: ella me recuerda que puedo ser feliz cuando quiero. Yo le prometo a cambio no enamorarme de ella mucho más que por un tiempo, lo que deba durar. No le temo.

Leído en la apertura del programa 173.