sábado, 26 de octubre de 2013

Viaje

Un viaje es el sendero que se transita y es la mirada abrumada por la noción de la marcha, y es también el recodo y el destino aquel que se espera y se sostiene como la tristeza sostiene al huérfano mientras recuerda.

Pero un viaje es por sobre todas las cosas un deseo preñado en la partida, parido a cada paso y creciendo de continuo a la medida del ardor que anticipa el llegar.

Es más que un anhelo, porque con sólo mirarlo se convierte en el regazo en donde duerme una ilusión que al despertar será otra cosa muy diferente, una que completará la medida de la sorpresa que se esconde en el dolor de la partida original.

Y hay sonidos y hay relatos mudos del que sólo ve y hay puertas que se abren y al salir queman o convierten en estatua de sal a quien se vuelve a mirarlas. Porque si algo de ruin tiene la partida -Dios me perdone- es que agota apenas nacida toda rendición posible, porque volver es para los cuerdos. Benditos sean los caminantes que antes de partir se negaron a sopesar su locura, prefiriendo desandarla mientras desandaban también la ruta.

Y basta ya: el viaje, cada viaje es un viaje único. Por eso dejo que la banda toque su música junto al devenir de la palabra justa, aquella que se dice en el exacto momento en el que uno comienza a ser lo que odia no ser. Será que eso es también parte del viaje.

Y el resto, un transcurrir entre la percepción de la nada y la ilusión de eternidad.

Leído en la apertura del programa 150

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