lunes, 22 de agosto de 2011

La nave dañada

Una barca pasa cerca y su estela me sacude. Mi equilibrio depende de mis pies, pero frente al oleaje brotado de aquella nao intrépida comienzo a estremecerme y a temer por mi vida.

-¿Y si bajas a tierra? -me dice el pequeño loco ilustrado que rara vez escucho- Allí tus pies estarían secos, firmes y bien plantados.

Lo pensé por un momento y bajé a mirar aquella estela desde tierra firme. Está en lo cierto: desde aquí se ve todo diferente, porque es suelo seguro y se puede mirar con claridad sin conmoverse.

Al notar que decido quedarme, el pequeño traidor vuelve a la carga:

-Pero, ¿no saldrás ya jamás a desafiar las olas y explorar lo vasto?- me dice.

-No te equivoques -le respondo-. Una nave dañada no se puede reparar en alta mar, pero ten por seguro que mi lugar está entre aquella espuma

Leído en la apertura del programa 162

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por comentar. Tu mensaje quedará en espera de moderación y será publicado en breve, a criterio del autor del blog. Saludos,