martes, 26 de enero de 2016

Observador

Sabrá usted disculpar si mi explicación del fenómeno pudiera ser más bien pedestre, pero también comprenderá que no soy un investigador y tampoco un académico; sólo soy un observador, uno muy bueno por cierto, y que se jacta de ello.

Mi explicación del fenómeno, decía, es la que trataré de presentar acto seguido. Pero permítaseme un prolegómeno: es menester que dedique unas líneas a hurgar en las razones de mi explicación, a fin de presentarlas al interesado antes de afirmar tal pretendida cualidad. Motiva mi alocución el que considero es un evidente y deliberado silencio por parte de mis congéneres frente a la ignominia que significa la carencia total de explicación observada por mí, habilidad ésta, la de observar, que he referido ut supra.

¿Qué hacer con tal silencio? ¿Cómo obviar una explicación o declaración o justificación o, finalmente, una resolución frente a tamaño desconocimiento del fenómeno y aquello que lo provoca? Lejos de mí cualquier simulación o fingimiento de las reales y dramáticas consecuencias de perpetuar tal estado de ignorancia. Jamás cejaría en el intento de traer claridad en el asunto que nos ocupa, aunque me vaya la vida en ello. Supe conservar desde tiempos pretéritos la hidalguía y compostura necesarias para abordar manifestaciones similares, siempre de buen talante y con la confianza de quién se sabe en lo cierto, a pesar de los contratiempos y sinsabores.

Dicho esto, paso a detallar las habilidades y pericias que me hacen acreedor a vuestra confianza en que resolveré adecuadamente la intriga que nos concierne. Sepa usted que he recorrido el mundo en reiteradas ocasiones, ya como delegado, ya como trashumante, ya como simple vagabundo y errante. Tales peripecias y aconteceres, considero le han otorgado a mi consabida habilidad una consistencia y fiabilidad ciertamente envidiables. Acto seguido comenzaría con mi tan anunciada explicación, de no ser por el tren que ya ha arribado al andén y debo abordar con prontitud. Le aseguro que lejos de mí está dejar a mi próximo interlocutor casual sin la consabida capacidad de observación que me distingue, y usted mismo ha sabido apreciar.

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