Cuando me preguntan si he viajado, respondo que mucho, y que lo he hecho gracias a mi madre. Ella me lo ha dicho.
He estado en la Luna y también en Babia. Y, créalo o no, hasta estuve en el Limbo.
Tristemente debo decir que no lo recuerdo. Soy bastante distraído.
Leído en las aperturas de los programas 356 y 383
domingo, 11 de febrero de 2018
lunes, 29 de enero de 2018
Senderos
Mojones que marcan el camino,
el primero, cuando se comenzó la marcha.
Momentos se sucedieron, uno tras otro
y allí, indeleble, la señal.
Uno tras otro, tan erguidos, potentes,
y una advertencia amenazante,
de no desandar el sendero.
Inútil advertencia de tontos,
no hay modo de deshacer la trampa.
Ir y venir, bajar y subir,
Detestar y amar y aun seguir.
Nada tan fuerte como esto que arde
cuando llama el horizonte.
Le dicen destino, pero no les creo.
Uno va sumando, y en la agonía cierta,
se hace imposible regresar.
Caminos, caminos y más caminos,
se cruzan, se abren, dan vueltas.
Nada puede ser igual
cuando persiste el deseo.
Nada deja de cambiar
cuando los pasos se abren en más pasos.
Y el cielo que luce igual, según parece,
pero se trata, lo sé, de una ilusión.
Leído en la apertura del programa 360
Leído en la apertura del programa 360
La medición del tiempo
Aunque no lo parezca por esa trampa de las percepciones, la medición del tiempo no es caprichosa. Obedece a leyes naturales y nos asiste en nuestra necesidad de medir estaciones, cosechas, días y noches, acontecimientos que de todos modos serán aun sin nuestro control.
A decir verdad, es poco o nada lo que uno controla. Mucho menos cuando se trata del tiempo.
Si dejáramos solo al planeta, permitiendo que crezca y se desarrolle a su propio pulso, lo haría en su medida y según sus propias necesidades.
Si en cambio, un día dejamos abruptamente sin cuidado a todo el metal, el cemento, el plástico con el que la humanidad sella, cubre, bloquea, obstruye, maltrata al planeta, en ¿cuánto? ¿mil, diez mil años? no quedaría registro de nuestro paso por estos rincones del universo.
¿Para qué medir el tiempo, entonces?
Tal vez para saltear aquella trampa de las percepciones y aprender, de una vez y para siempre, lo frágil de nuestro paso y el respeto por el mandato del orden natural de las cosas.
Leído en la apertura de los programas 355 y 656
A decir verdad, es poco o nada lo que uno controla. Mucho menos cuando se trata del tiempo.
Si dejáramos solo al planeta, permitiendo que crezca y se desarrolle a su propio pulso, lo haría en su medida y según sus propias necesidades.
Si en cambio, un día dejamos abruptamente sin cuidado a todo el metal, el cemento, el plástico con el que la humanidad sella, cubre, bloquea, obstruye, maltrata al planeta, en ¿cuánto? ¿mil, diez mil años? no quedaría registro de nuestro paso por estos rincones del universo.
¿Para qué medir el tiempo, entonces?
Tal vez para saltear aquella trampa de las percepciones y aprender, de una vez y para siempre, lo frágil de nuestro paso y el respeto por el mandato del orden natural de las cosas.
Leído en la apertura de los programas 355 y 656
sábado, 23 de diciembre de 2017
Vuelven los gigantes
Resulta que me encuentro casi de casualidad, mientras gugleo, que la "gigantología" existe y tiene definición de diccionario.
Uno de ellos dice así:
(De gigante y -logía); sust. f. 1. Conjunto de creencias relativas a la existencia de los gigantes. 2. Disciplina pseudocientífica que se ha ocupado de estudiar la existencia, características, orígenes y evolución de los gigantes.
Nosotros creemos que sí existen los gigantes... gigantes en talento, gigantes en generosidad; gigantes esforzados que logran erguirse entre tanta pequeñez a puro arte. Y como creemos en ellos, presentamos hoy un conjunto de canciones que los muestran en su altura real.
Y deseo aclarar, contradiciendo a los diccionarios que creen saberlo todo: damos fe de que existen, son muy grandes, nacieron de un puñado de pasiones y siguen evolucionando hacia su propia perfección, aquella que no es perfecta pero es suya; lo mejor que tienen lo dan y su sombra nos abriga a todos.
Para muestra, he aquí los gigantes. Aquí está, esto es, Gigantología volumen II.
Leído en la apertura del programa 353.
Uno de ellos dice así:
(De gigante y -logía); sust. f. 1. Conjunto de creencias relativas a la existencia de los gigantes. 2. Disciplina pseudocientífica que se ha ocupado de estudiar la existencia, características, orígenes y evolución de los gigantes.
Nosotros creemos que sí existen los gigantes... gigantes en talento, gigantes en generosidad; gigantes esforzados que logran erguirse entre tanta pequeñez a puro arte. Y como creemos en ellos, presentamos hoy un conjunto de canciones que los muestran en su altura real.
Y deseo aclarar, contradiciendo a los diccionarios que creen saberlo todo: damos fe de que existen, son muy grandes, nacieron de un puñado de pasiones y siguen evolucionando hacia su propia perfección, aquella que no es perfecta pero es suya; lo mejor que tienen lo dan y su sombra nos abriga a todos.
Para muestra, he aquí los gigantes. Aquí está, esto es, Gigantología volumen II.
Leído en la apertura del programa 353.
sábado, 25 de noviembre de 2017
Lo intangible
Frase hecha si las hay, las cosas de mayor valor son las intangibles, es decir aquellas que no deben o no pueden tocarse. Puede que esto siempre nos suene romántico o ingenuo, pero son cosas de valor. Eso es innegable.
El equipo de fútbol de escasos recursos que gana el partido porque juega con pasión. O el hombre o la mujer con escasos recursos y posibilidades que logra lo que desea porque creyó y esperó. O aquel que consigue lo imposible porque puso su energía y amor, que fueron fundamentales para lograrlo.
Pensándolo bien, si le sacamos lo intangible aquello tangible se pierde, no sirve, es solo una cáscara.
El dinero, vil tangible que puede comprar todo excepto lo intangible que le da sentido a lo que hacemos, es la más cruda y dura de esas cáscaras.
Que vivan entonces, la pasión, la fe, la esperanza, la energía puestas en hacer. Y mejor, juntos.
Leído en las aperturas de los programas 349 y 585
El equipo de fútbol de escasos recursos que gana el partido porque juega con pasión. O el hombre o la mujer con escasos recursos y posibilidades que logra lo que desea porque creyó y esperó. O aquel que consigue lo imposible porque puso su energía y amor, que fueron fundamentales para lograrlo.
Pensándolo bien, si le sacamos lo intangible aquello tangible se pierde, no sirve, es solo una cáscara.
El dinero, vil tangible que puede comprar todo excepto lo intangible que le da sentido a lo que hacemos, es la más cruda y dura de esas cáscaras.
Que vivan entonces, la pasión, la fe, la esperanza, la energía puestas en hacer. Y mejor, juntos.
Leído en las aperturas de los programas 349 y 585
martes, 31 de octubre de 2017
Que agradecer
Hubo una vez un tiempo en el que no existía la flor.
Ninguna flor.
Sin colores aún el verde lucía triste, desganado.
Hasta que las plantas, todas las plantas,
en un solemne concilio decidieron unir sus fuerzas
y parir la primera flor.
Todo lo que deseaban era el color.
Pero tuvieron también el perfume.
Y el polen.
Y a los insectos alados para amarlas.
Aún hoy, cuando nace una flor,
renace ese sentimiento puro del follaje,
el de saber que hay mucha vida
que agradecer.
Leído en la apertura del programa 346 y 431
Ninguna flor.
Sin colores aún el verde lucía triste, desganado.
Hasta que las plantas, todas las plantas,
en un solemne concilio decidieron unir sus fuerzas
y parir la primera flor.
Todo lo que deseaban era el color.
Pero tuvieron también el perfume.
Y el polen.
Y a los insectos alados para amarlas.
Aún hoy, cuando nace una flor,
renace ese sentimiento puro del follaje,
el de saber que hay mucha vida
que agradecer.
Leído en la apertura del programa 346 y 431
domingo, 22 de octubre de 2017
La razón de los abrazos
(Escrito y leído por Sergio Francisci. ¡Gracias, Sergio!)
Pero no lo hizo para evitar que empuñen armas en su contra, ni para impedir que invoquen a sus dioses del cielo, ni para truncar actos de escritura.
Lo hizo para prevenir un acto mayor, un acto poderoso. Lo hizo para extirpar la razón de los brazos.
Pues bien sabe este sicario imperial: no es bueno que los sometidos descubran que aquellos que se abrazan se vuelven invencibles.
Leído en la apertura del programa 344
sábado, 14 de octubre de 2017
Notas en el aire
Tomo notas en el aire, una pluma invisible que no deja de ser certera, acompasada traza algunas líneas, lentamente, para nada voraz. Las tomo, tal vez para decir o quizás para callar, de allí su levedad. Pero de aire son y en el aire se leen, aunque casi puedan tocarse de tan sentidas. Portan un milagro, mis notas: dicen sin ser, porque son del aire. No me pertenecen, ya no son mías, pertenecen al amor.
Leído en las aperturas de los programas 343, 398, 509 y 659
Leído en las aperturas de los programas 343, 398, 509 y 659
jueves, 5 de octubre de 2017
Discusiones
Me dijo el Capitán Obvio, con su rostro circunspecto de decir profundo, "nunca discutas en público cuestiones que son privadas".
-¿En Facebook tampoco?, le pregunté.
Nunca más me dirigió la palabra.
Lo tenía merecido.
Leído en la apertura del programa 342
Lo tenía merecido.
Leído en la apertura del programa 342
sábado, 30 de septiembre de 2017
Amo las sutilezas y su inteligencia
Amo las sutilezas y su inteligencia.
Inferir, deducir, suponer y entender,
hábitos inusuales entre los literalistas
y su necesidad de textualidad brutal.
Miro, digo, siento, percibo
desde lo inusual, lo periférico,
lo dicho no dicho,
lo sugerido no relatado,
lo entregado al entendido,
lo dedicado a lo puro.
Misma frecuencia, sin hilos,
sin ataduras, solo piel.
Y el saber de saber que se sabe
cuando lo bello resulta de decir
desde otras bocas.
Inferir, deducir, suponer y entender,
hábitos inusuales entre los literalistas
y su necesidad de textualidad brutal.
Miro, digo, siento, percibo
desde lo inusual, lo periférico,
lo dicho no dicho,
lo sugerido no relatado,
lo entregado al entendido,
lo dedicado a lo puro.
Misma frecuencia, sin hilos,
sin ataduras, solo piel.
Y el saber de saber que se sabe
cuando lo bello resulta de decir
desde otras bocas.
Leído en las aperturas de los programas 341 y 533
martes, 1 de agosto de 2017
¿Cuál es mi río?
¿Cuál es mi río, aquel que besa mis hojas,
como a las hojas del sauce que se las brinda?
¿Cuál lava mis piedras, como lava aquellas
que se asientan y reposan a su vera, plácidamente,
o las mantiene limpias, como a las que se duermen
bajo su superficie y mansamente se dejan?
Río, río mío que sé fluir, unas veces sereno y otras no,
¿En dónde estás? ¿Serás aquel que diviso de lejos,
y que presiento, intuyo mío, de mis desvelos?
Por lo pronto, hacía tu cantar camino.
Tu voz de agua me guía y te siento destino.
En mis desvelos te percibo, y en mis desvaríos,
y mojar mis pies y hasta bañarme allí deseo.
¿Cuál será mi río? ¿Cuál, su discurrir?
¿Cuál será su caudal, su abundancia, su profusión?
En su fluir ahogaré mis ansias y mis penas,
y cuando haya yo arribado, me daré cuenta sin dudar:
ese, mi río, río mío, eras vos.
Leído en la apertura del programa 333
como a las hojas del sauce que se las brinda?
¿Cuál lava mis piedras, como lava aquellas
que se asientan y reposan a su vera, plácidamente,
o las mantiene limpias, como a las que se duermen
bajo su superficie y mansamente se dejan?
Río, río mío que sé fluir, unas veces sereno y otras no,
¿En dónde estás? ¿Serás aquel que diviso de lejos,
y que presiento, intuyo mío, de mis desvelos?
Por lo pronto, hacía tu cantar camino.
Tu voz de agua me guía y te siento destino.
En mis desvelos te percibo, y en mis desvaríos,
y mojar mis pies y hasta bañarme allí deseo.
¿Cuál será mi río? ¿Cuál, su discurrir?
¿Cuál será su caudal, su abundancia, su profusión?
En su fluir ahogaré mis ansias y mis penas,
y cuando haya yo arribado, me daré cuenta sin dudar:
ese, mi río, río mío, eras vos.
Leído en la apertura del programa 333
sábado, 29 de julio de 2017
Corre como un río
Río del tiempo, corre como un río.
Nunca se detiene, como un río.
Cansado de poner mis manos
intentando detenerlo,
y solo saber que me ignora
y sigue de largo
comencé a apreciarlo,
a ver su caudal e imitarlo,
a contener y brindar vida
como él lo hace.
A dejar que me crucen
para llegar al otro lado,
cualquiera sea ese.
Que no me llamen río
no me preocupa.
Solo me ocupa sostener el gusto
por seguir corriendo.
Leído en las aperturas de los programas 332, 513 y 587
Nunca se detiene, como un río.
Cansado de poner mis manos
intentando detenerlo,
y solo saber que me ignora
y sigue de largo
comencé a apreciarlo,
a ver su caudal e imitarlo,
a contener y brindar vida
como él lo hace.
A dejar que me crucen
para llegar al otro lado,
cualquiera sea ese.
Que no me llamen río
no me preocupa.
Solo me ocupa sostener el gusto
por seguir corriendo.
Leído en las aperturas de los programas 332, 513 y 587
sábado, 22 de julio de 2017
Sueños y caminos
Bienaventurados aquellos que soñaron sueños y hoy los caminan, porque puede suceder que los sueños aquellos se esfumen, y la vida se convierta en un continuo caminar soñando nuevos.
Bienaventurados entonces, aquellos que cuando son abandonados por sus sueños o los pierden por el camino sueñan otros nuevos, mejores o peores pero necesarios para caminar.
Porque caminar sin sueños conlleva el riesgo de dormirse parado en el mismo lugar.
Leído en las aperturas de los programas 331 y 493
Bienaventurados entonces, aquellos que cuando son abandonados por sus sueños o los pierden por el camino sueñan otros nuevos, mejores o peores pero necesarios para caminar.
Porque caminar sin sueños conlleva el riesgo de dormirse parado en el mismo lugar.
Leído en las aperturas de los programas 331 y 493
sábado, 8 de julio de 2017
Una vez... truz
-Había una vez... truz, dijo, siguiendo con el chiste con el que venía insistiendo desde hacía un rato largo. Demasiado largo. Ya no estamos para esas bromas infantiles.
-¿Podés terminarla con eso?
-¡Dale! ¡Si es tan divertido!
Cuando me pone esa cara de cachorrito pidiendo que le arroje la pelota, como me hace ahora, juro que la odio. Bueno, que me gustaría odiarla, porque no puedo.
-¿Cuántos elefantes entran en un FIAT 600?
Apa. Parece que viene para largo la cosa.
-No sé y no me interesa, le ladré a la cara.
-La verdad, sos un animal, me dijo con un mal disimulado enojo.
-Bueno, ahí tenés un insulto muy en contexto, respondí como hablando al aire.
Entonces soltó una carcajada.
Al final parece que el gracioso soy yo.
Me empieza a gustar este juego.
Leído en la apertura del programa 329.
-¿Podés terminarla con eso?
-¡Dale! ¡Si es tan divertido!
Cuando me pone esa cara de cachorrito pidiendo que le arroje la pelota, como me hace ahora, juro que la odio. Bueno, que me gustaría odiarla, porque no puedo.
-¿Cuántos elefantes entran en un FIAT 600?
Apa. Parece que viene para largo la cosa.
-No sé y no me interesa, le ladré a la cara.
-La verdad, sos un animal, me dijo con un mal disimulado enojo.
-Bueno, ahí tenés un insulto muy en contexto, respondí como hablando al aire.
Entonces soltó una carcajada.
Al final parece que el gracioso soy yo.
Me empieza a gustar este juego.
Leído en la apertura del programa 329.
sábado, 24 de junio de 2017
Felices perdedores
Me gustan los perdedores. Mejor dicho, aquellos que los así llamados ganadores llaman perdedores.
Me gustan los perdedores, porque escriben canciones e historias. No como los ganadores, que escriben discursos y, Dios nos libre, publicidades.
Me gustan los perdedores porque labran, plantan, cosen, tejen, tallan, pintan, marchan, claman, aman, juegan. Son felices, no como los ganadores, que la compran en cuotas. A la felicidad, digo. Esos que necesitan robots para fabricar, bonos para comprar o lodo para embarrarse, no me gustan. Aunque se llamen a sí mismos, ganadores.
Deberíamos revisar el patrón de nuestra medida, porque si confundimos ganadores con perdedores estaremos llamando felicidad a otra cosa. Y eso sí es perder.
Leído en las aperturas de los programas 327, 574 y 621
Me gustan los perdedores, porque escriben canciones e historias. No como los ganadores, que escriben discursos y, Dios nos libre, publicidades.
Me gustan los perdedores porque labran, plantan, cosen, tejen, tallan, pintan, marchan, claman, aman, juegan. Son felices, no como los ganadores, que la compran en cuotas. A la felicidad, digo. Esos que necesitan robots para fabricar, bonos para comprar o lodo para embarrarse, no me gustan. Aunque se llamen a sí mismos, ganadores.
Deberíamos revisar el patrón de nuestra medida, porque si confundimos ganadores con perdedores estaremos llamando felicidad a otra cosa. Y eso sí es perder.
Leído en las aperturas de los programas 327, 574 y 621
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