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martes, 6 de mayo de 2025

Nevada mortal - Intro

(Escrito y leído por Cesar Fuentes Rodriguez, 
tomado del álbum Nevada Mortal 
del músico Marcelo Yakko)

No podía apartar los ojos de su figura, pero ante todo no podía dejar de escucharlo, de sorprenderme, de sopesar su relato como si se tratara de una fábula demente y no la aterradora realidad. 

Apareció de la nada, pero solo cuando acabó la narración entendí que esa era una prueba de la veracidad de sus palabras, el testimonio de una vida desquiciada. 

Contarte su historia ahora para mí una obligación, y esta historia empieza en Buenos Aires, una noche fría y fatal como ésta capaz de cambiar destinos. 

La noche de la nevada mortal.


Leído en la apertura del programa 658

sábado, 13 de agosto de 2022

Todo Se Vuelve Humo

(Escrito por Diego Lambertucci. ¡Gracias, Diego!)

Todo se vuelve humo 
Todo se desvanece en el aire 
El fuego intermediario 
encendido por eunucos 
políticos terratenientes 
comerciantes consumidores 
medios de comunicación 
compran y venden humo 

Religiones Influencers 
razón justicia 
el loco de la calesita y dios 
son una máquina de humo 
que funciona quemándolo 
todo pastos aves mariposas 
culebras carpinchos 
coipos tortugas 
sauces espinillos.

Comemos soñamos 
estudiamos creemos 
votamos el humo 
que no tiene grietas 
ni puntos suspensivos 
estéril espera 
nos ahoga y 
deja sin aliento 

escribo para desahogarme 
y no logro nada más que humo 

el humo sube al cielo 
y acróstico 
se lleva el monte 
el agua 
la vida 
finalmente 
a los humanos 

esto no es una poesía
es humo.

miércoles, 4 de agosto de 2021

El recolector de sueños

(Escrito y leído por Alejandro Guarino
para la celebración de los 500 programas.
¡Gracias, Ale!)

Suelo despertar en las madrugadas y verlo con sus pupilas amarillas y su pequeña bolsa de colores, escrutándome de palmo a palmo. Cuando mis párpados intentan levantarse, él los baja con sus dedos suaves, alargados y yo vuelvo a sumergirme en el continente de Morfeo. 

Como el ratón de los dientes, él recoge mis sueños pero no deja nada a cambio debajo de la almohada.

Generalmente desecha los faltos de creatividad, arrojándolos al pozo profundo de la noche. Pero cuando algo lo conmueve, lo introduce en su saco para extraerlo cuando necesita para mitigar una pesadilla. O en el mejor de los casos, puede llegar a convertirlo en realidad.

martes, 23 de junio de 2020

Caen las cenizas

(Escrito por Diego Lambertucci. ¡Gracias, Diego!)

Caen las cenizas levemente
que volvieron el cielo gris
mientras siento en la garganta y la nariz
olor a humo,
perfume a fuego,
aroma a saqueo,
fragancia a desidia
hedor a vagancia y complicidad política.
Las islas arden,
el río corre,
gira la rueda
de las estaciones
y todo pasa.

Ni bien se pueda
los cascos de fibra
surcarán el lecho
plagado de plaguicidas
y soda caustica
con que curamos
las semillas que comemos
y la pulpa de los árboles talados
para nuestros afiches
y la hoja de papel en la que escribo.

Nuestra presencia
proporcionalmente directa
a la ausencia del resto de los seres
al igual que el arco iris
sobre la superficie del agua.

Motores que mueven y matan,
como el fuego,
como nosotros.

¿Si estamos tan caliente por qué no explotamos?
Porque se nos hace tarde…



Leído en las aperturas de los programas 451 y 544

domingo, 22 de octubre de 2017

La razón de los abrazos

(Escrito y leído por Sergio Francisci. ¡Gracias, Sergio!)

El comandante de los conquistadores manda a cortar los brazos de todos los sometidos.
Pero no lo hizo para evitar que empuñen armas en su contra, ni para impedir que invoquen a sus dioses del cielo, ni para truncar actos de escritura.
Lo hizo para prevenir un acto mayor, un acto poderoso. Lo hizo para extirpar la razón de los brazos.
Pues bien sabe este sicario imperial: no es bueno que los sometidos descubran que aquellos que se abrazan se vuelven invencibles.

Leído en la apertura del programa 344

martes, 13 de octubre de 2015

El vago

(Escrito y leído por Alejandro Guarino. 
Publicado originalmente en Teesperojuana.blogspot.com.ar
¡Gracias, Ale!)

El vago vuelve tarde del trabajo.
Pasó por un bar y se gastó los, pocos, pesos que tenía en una ginebra.
En ese bar, todos saben que es un vago. Que agarra changas porque de todos los trabajos lo echan por vagancia.
El vago llega sigiloso a la pensión donde habita, pues sabe que si lo escucha Doña Cata, le va a reclamar los tres meses de renta que le adeuda.
El vago entra a su pieza y se tira sobre la cama sin hacer. Sobre el techo, las manchas de humedad van creciendo. Doña Cata le dijo que si las limpiara, se lo descontaría de lo que le debe, pero el vago prefiere acostarse sobre su lecho boca arriba y mirar como se esparcen y transforman las figuras sobre el cielo raso.
El vago tiene un vago recuerdo de su familia, a la que no llama desde hace tiempo.
Se vino para la ciudad porque allá, en el pueblo, no había nada por hacer y siempre le dio vergüenza de que lo llamaran vago. Y el vago tiene unas ganas enormes, terribles de llorar, pero no lo hace, de puro vago nomás.

Leído en la apertura del programa 247

domingo, 1 de febrero de 2015

Molinos de aire

(Escrito y leído por Silvina Vital.
¡Gracias, Sil!)

Sin decir una palabra me puse otra vez de pie; el horizonte se veía ya barrido de nubes y de todo misterio así que no había excusa para no acercarme a él. Mi silueta en movimiento iba cayendo al suelo pesadamente con los pasos y se oscurecían fugazmente los pastos. Mi lanza apenas hacía sombra. Pensaba en el viento venido de los molinos y me temblaban las ropas. El horizonte cobarde se alejaba con mi marcha pero los molinos valientes –los molinos valientes redoblaban la apuesta y soplaban con más fuerza. Atrás quedaba mi caballo, mi armadura y mis aliados; caminaba yo como un Quijote confundido ahora pero dispuesto a darle batalla al viento. Con las ropas en retirada y los cabellos tirantes hacia atrás me paré más o menos de cara al primer molino, con mi lanza erguida a mi derecha. Cerré los ojos y  me aferré a mi lanza. La hondonada de aire fresco entrando en mis pulmones hizo el resto.

Leído en la apertura del programa 210.

sábado, 25 de octubre de 2014

Aldea

(Escrito y leído por Raúl Astorga para nuestro programa.
¡Gracias, Raúl!)

En aquella pequeña aldea, era el único seguidor de una cantante que había hecho furor en los años '70. Tenía todos sus discos, y el almacén empapelado con posters de esa joven y portentosa estrella.

Por eso no tendría que haberle sorprendido cuando la señora mayor que entró preguntando por la estación de servicio se acercó a una de esas fotos, le pidió su nombre, y le dedicó una firma con el lápiz labial que extrajo de su cartera.

Leído en la apertura del programa 197

miércoles, 29 de enero de 2014

Verano gigante

(Escrito y leído por Raúl Astorga para nuestro programa.
¡Gracias, Raúl!)

El tipo asociaba el verano con el rock desde tiempos inmemoriales, entonces se le había hecho costumbre, hábito, carne la idea de andar por la calle con una radio portátil que además de contar con recepción AM / FM, se ajustaba a exacta medida del bolsillo trasero izquierdo de su jean. De allí hacia arriba, el cable del auricular estéreo. 

Ese día fue una experiencia única, alucinante, que ni en Villa Gesell en los setenta había experimentado. No le creía demasiado al locutor, que entre tema y tema insistía en confirmar los 45 grados de sensación térmica. No le creía. No. Incluso cuando vio con sus propios ojos que la portátil despedía humo y un aroma desagradable, mientras el gabinete se deformaba entre sus dedos. 

Masticando bronca y tristeza en partes iguales, escuchó al extraño que bajaba de una camioneta con una mujer que asentía ante la sentencia, tal vez colofón de una lúcida conversación llevada a cabo en la refrigerada cabina:

-"Menos mal", decía el extraño, "que esta ola de calor se dio en verano, que te agarra de vacaciones y te podés poner cualquier cosa."

Y subrayó con el cierre de la alarma. 

Leído en la apertura del programa 159

miércoles, 21 de agosto de 2013

Lunatismo I

(Autor: Silvina Vital. ¡Gracias, Sil!)

Dos millones de suspiros,
Veinte mil aleteos de mariposa,
Tres minutos de cosquillas en el estómago,
Una milla de viento de otoño,
Un puñado de rayos de sol,
Una miríada de sonrisas,
Un millón de destellos de Antares,
Cincuenta mil caricias de piel,
Dos botellas de lágrimas de amor,
Cinco cajas de inocencia,
Un baúl de ilusiones,
Tres mil vuelos de colibrí,
Siete arco iris,
Seis toneladas de gotas de lluvia,
Quince minutos de emoción profunda,
Diez milagros inadvertidos,
Ochenta mil parpadeos de ojos enamorados,
Una lista infinita de palabras de amor.
Todos hipotecados por el hombre rico para pagar su lote en la luna.

Leído en la apertura del programa 136