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sábado, 13 de agosto de 2022

Todo Se Vuelve Humo

(Escrito por Diego Lambertucci. ¡Gracias, Diego!)

Todo se vuelve humo 
Todo se desvanece en el aire 
El fuego intermediario 
encendido por eunucos 
políticos terratenientes 
comerciantes consumidores 
medios de comunicación 
compran y venden humo 

Religiones Influencers 
razón justicia 
el loco de la calesita y dios 
son una máquina de humo 
que funciona quemándolo 
todo pastos aves mariposas 
culebras carpinchos 
coipos tortugas 
sauces espinillos.

Comemos soñamos 
estudiamos creemos 
votamos el humo 
que no tiene grietas 
ni puntos suspensivos 
estéril espera 
nos ahoga y 
deja sin aliento 

escribo para desahogarme 
y no logro nada más que humo 

el humo sube al cielo 
y acróstico 
se lleva el monte 
el agua 
la vida 
finalmente 
a los humanos 

esto no es una poesía
es humo.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Ilusión de mar

'Fui víctima de una ilusión', dijo el Viejo Navegante a la Deriva, mientras observaba el horizonte con la vista nublada de anhelar mareas.

'Ilusión de mar, ilusión de vientos, ilusión de ilusiones', continuó lamentando, casi como un mantra salido de una boca en agonía. 

El aroma, la bruma y la espuma del mar no eran suficientes: el canto de Sirena -de su Sirena- ahogado en puertos, le apretaba el alma como el peso de un ancla con destino de fondo y cadenas rotas.

Presentado en las aperturas de los programas 464, 525 y 596

martes, 23 de junio de 2020

Caen las cenizas

(Escrito por Diego Lambertucci. ¡Gracias, Diego!)

Caen las cenizas levemente
que volvieron el cielo gris
mientras siento en la garganta y la nariz
olor a humo,
perfume a fuego,
aroma a saqueo,
fragancia a desidia
hedor a vagancia y complicidad política.
Las islas arden,
el río corre,
gira la rueda
de las estaciones
y todo pasa.

Ni bien se pueda
los cascos de fibra
surcarán el lecho
plagado de plaguicidas
y soda caustica
con que curamos
las semillas que comemos
y la pulpa de los árboles talados
para nuestros afiches
y la hoja de papel en la que escribo.

Nuestra presencia
proporcionalmente directa
a la ausencia del resto de los seres
al igual que el arco iris
sobre la superficie del agua.

Motores que mueven y matan,
como el fuego,
como nosotros.

¿Si estamos tan caliente por qué no explotamos?
Porque se nos hace tarde…



Leído en las aperturas de los programas 451 y 544

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Introducción para un cuento que podría terminar mal

Esta historia comienza como comienzan muchas historias: con un muerto. Sí, allí estaba, era él, ¿quién lo diría?

A decir verdad, el asunto comenzó cuando él y yo hablamos más temprano por teléfono,

-"Al llegar a la Avenida, en la esquina con la cortada, doblá", me dijo por toda indicación. "Es la puerta descascarada con restos de pintura blanca".

El silencio de aquella noche sin gente y sin autos -insólito momento en esa Avenida tan transitada- cayó como plomo sobre la zona, tan oscura como la noche misma.

-"No me advertiste sobre esto", le respondí en mis pensamientos como si estuviéramos frente a frente.

Seguí caminando con la sola compañía de mi sombra, una aliada entregada sin embargo a los caprichos de un farol intermitente. Al escuchar mis propios pasos en el silencio me creí personaje de la novela que me desveló hace un tiempo. Una de misterio, era.

Al llegar a la puerta descascarada con restos de pintura blanca, dí tres golpes y al tercero la puerta se abrió sola. Ese hecho, más el agudo chirriar de los goznes, logró sacarme de mis pensamientos y, no lo puedo negar, advertí que más allá de esa entrada comenzaba una historia.

La luz fría, parpadeante, había preanunciado una igualmente fría bienvenida, tanto como la muerte misma. Que no era la mía.



Leído en la apertura del programa 450

jueves, 25 de julio de 2019

Terminal

Una larga tarde,
escuchando mil veces:
...anuncia la salida de su servicio de las...
en una espera que desespera.
Mira a cada rato un reloj
que parece reírse de su impaciencia
a paso de caracol.
Maldice tener que salir a fumar
con este frío,
porque adentro no la dejan.
"Hay amores que merecen cigarrillos" -piensa-,
"aunque el cardiólogo diga que no."
¿Qué sabe él de corazones como el suyo, rotos?
¿Qué tomógrafo podría mostrale tanto desprecio,
tanto abandono?
¿Mirará su ECG con la representación gráfica
de aquel desamor?
Finalmente, la voz impersonal
que la acompañó aquella tarde eterna
avisa que su turno llegó.
Bendito el momento: algo termina
y da comienzo a otra vida.
Como una Penélope cansada de esperar,
allá va con sus bultos,
que pesan menos, mucho menos
que las penas que deja atrás.



Presentado en las aperturas de los programas 424 y 487

domingo, 2 de junio de 2019

Nidos en "Hablando de Arte", por Radio Rivadavia

Gracias al puente que tendió Alejandro Guarino, escritor y gran amigo de nuestro programa, fuimos convocados para una charla vía telefónica con Nolo Correa en su programa Hablando de Arte, por Radio Rivadavia, la que comparto aquí con nuestros oyentes y amigos.

Muy amena, y enmarcada por amistades en común como Alejandro y Eduardo Serenelli, hablamos de radio, de FM AZ, de Gigantes Gentiles y la música, y también de mis textos de apertura, los mismos que compartimos en este espacio.

Aquí está, ustedes dirán...

 

domingo, 24 de febrero de 2019

Cadena de eventos

Dicen que dijo Brian Wilson que Pet Sounds fue su reacción al Rubber Soul Beatle. A su vez, el querido Paul dijo que Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band fue la respuesta de los de Liverpool a Pet Sounds.

Pero eso no es todo: dicen que dicen que Their Satanic Majesties Request de los Stones, The Piper at the Gates of Dawn de Pink Floyd y Are You Experienced? de Hendrix son fruto directo del golpe al intelecto de aquel disco de los Boys.

¿Cuanto hace que no vemos una cadena de eventos que muevan los cimientos musicales del planeta como esos?

lunes, 2 de julio de 2018

Islas

Islas de piedra y soledad, eso somos. Archipiélago de nadas, apenas. Excusas de mar.

El tiempo y la memoria nos separan, y apenas alcanzamos algunos a saludarnos a la distancia pero sin atracar en el puerto del otro, porque somos islas.

Islas de sal y deseos rotos, así estamos. Nos habita una fauna de sueños y pesadillas sin detectarse presencia humana.

Sin embargo, en ocasiones puede abordarnos un recuerdo que va, vela henchida en su intento de conquista, isla tras isla. Son la piedra y la soledad y la sal y los deseos rotos intentando abandonar el oficio de náufrago.


El músico argentino Marcelo Yakko musicalizó nuestro texto para su disco "Boomerang", y produjo este video promocional. ¡Gracias, Marcelo!

lunes, 27 de octubre de 2014

En tiempo de blues

Mesas, luces tenues, alcohol, murmullos aquí y allá...

-¡Por Dios! ¿por qué no callan y escuchan? -desearía gritarles pero no lo hago, para no interrumpir este blues que suena. Creo que lo hace sólo para mi.

Mientras, el cantante se desgarra en un "por favor, ayudame" que se continúa segundos después entre las cuerdas de su guitarra, y me llega y hace lo propio en mis entrañas.

Un blues es un milagro que vuelve a nacer en el dolor que toma cuerpo: se engendra en él, pare con él, llora su primer llanto con él, y también llora los siguientes. Es la voz de la esperanza con hambre, de pan y también de justicia en la desolación; una voz que vibra al sentir la presencia del ausente, la mirada de quién está lejos y las pisadas de quién no vuelve.

-Por favor, ayudame, -canta, se desangra, conmueve, se alimenta, bebe, se rebela, suda, se consuela el blues desde un hálito de vida lanzado al aire sin mayores pretensiones que la de crear esta sensación de estar juntos.

Al fin y al cabo las mesas, las luces tenues, el alcohol y los murmullos aquí y allá son también parte de la escena, una en la que se me antoja hace malabares la vida. Justamente aquello que necesito para sobrevivir, en tiempo de blues.


Leído en las aperturas de los programas 198, 432 y 702.

martes, 2 de septiembre de 2014

Medicina para mi pterodáctilo

Aunque es sabido que el género se extinguió hace ciento cincuenta millones de años, mi nuevo amigo el pterodáctilo parece ignorarlo: se posa en el balcón de mi ventana todos los días al atardecer. Un poco por la altura -un balcón en el piso veinticinco frente al parque está suficientemente alejado de los ruidos de la calle y las miradas entre aterradas y curiosas de los vecinos- y otro poco por los trozos de pescado que comencé a dejarle apenas noté su presencia, día a día fue ganando confianza hasta aceptar mi cercanía.

Confieso que la hilera de dientes cónicos que decora su pico y la imponente imagen de sus alas abiertas a pleno cuando se posa en la baranda -a simple vista podría calcularle metro y medio, dos metros de envergadura- me intimidaban bastante al inicio de nuestra relación. Digo relación, por llamar de algún modo a este encuentro y sortear así el abismo de millones de años que existe entre nosotros. Pero finalmente noté que, bien alimentado y cuidado, no representaba sino una compañía curiosa y amigable.

Aquel día en que llegó lastimado yo noté enseguida que algo andaba mal al ver el esfuerzo que le tomó alcanzar el borde de la baranda. Primero pensé en un accidente: se habría enredado con los cables del trole o con los de luz. Pero luego noté las mordeduras. Evidentemente, el grado de domesticación que había alcanzado en su incursión diaria a mi balcón lo había llevado a acercarse demasiado al parque -tal vez para beber agua de la enorme fuente central- en dónde, los vecinos lo sabemos, vive una gran cantidad de perros callejeros que, seguramente envalentonados en la jauría, atacaron a mi amigo jurásico. Suelen no intimidarse ante nada. 

Cuando lo llamé a Darío, el veterinario que vive en el 5to. B, reconoció luego de sobreponerse del susto de la primera impresión, que no había adquirido en la universidad los conocimientos necesarios para atender a semejante bestia. Con total naturalidad me pidió el celular y llamó a su amigo David el paleontólogo -quién en menos de diez minutos estaba tocando el timbre del portero- y juntos elaboraron de buena gana, entre asombrados y extasiados, un diagnóstico y su tratamiento.

Ahora mi visitante de cada tarde se ha convertido en un amigo convaleciente que requiere de mis cuidados y anotaciones, reloj en mano, para no olvidar darle su medicina.

A veces me consuelo pensando que podría haber sido peor. Que fuera un gato, por ejemplo.