Ama esos momentos, por la coincidencia de aquel rayo, su silla mecedora y su libro preferido. Imagina, sin una sombra de duda, que son eternos.
Leído en la apertura del programa 694
Ama esos momentos, por la coincidencia de aquel rayo, su silla mecedora y su libro preferido. Imagina, sin una sombra de duda, que son eternos.
Leído en la apertura del programa 694
No te apresures entonces, a emitir juicio sobre mi hoy sin saber en que rincón de mi universo se forjó esta luz.
De las estrellas que estallaron ninguna pidió tal cosa, pero aún así no guardan rencores y siguen brillando a nuestros ojos hoy. Yo pues, también seguiré brillando, hasta que en algún lugar el tiempo y su sazón me apaguen.
Tal el destino del universo todo.
-Bueno, no es que yo estuviera apurado por venir. Pero aquí estoy, listo para entregarme en tus brazos...
-Andá, no me engañás, vos tenés siempre una intención en la manga, como un mago berreta al que no le quedan más trucos porque el público ya le adivinó todos.
-Mirá que sos jodida, ¿eh? Solo quería un poco de paz, dormir un rato y dejar que mi cabeza descanse. Después iba a arrancar de nuevo, pero te escuché llamar y vine.
-¿Y cómo sabés que te llamaba a vos? ¿Quién sos? Te creés realeza y sos la Princesa de Margy. No te confundas, puraespuma, ese jabón termina siempre adentro de un cajón. ¡Uy, me salió en versito!
-Ja, qué graciosa. En fin, con semejante recibimiento solo me queda retirarme con lo que me queda de dignidad, -dije, disimulando el enojo.
Estalló en una carcajada, tal vez porque pensó que la dignidad y yo no hacemos buena pareja, tal vez por su propio chiste del jabón, tal vez solo por pura maldad. Pero la muy infame no paraba de reir, podía escucharla aun a la distancia mientras volvía.
Parece que esta vez tuve suerte, pude despertar. Malditas pastillas.