-Una tiene su cielo -piensa-, ganado con pequeñas inversiones que se saldan siempre a favor.
La forma que le dio a ese mundo creado a su antojo, le produce mucho placer. Aunque no quepa en ningún otro mundo, y mucho menos en el real.
Cada cual atiende su juego, como en el clásico infantil, y ella atiende el suyo. Solo espera a cambio poder jugar a que su mundo es feliz, cuando por entre el pasto alcanza a recoger una rosa silvestre.
Leído en la apertura del programa 718

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