Tenía tan asumida su propia inteligencia que jamás creyó necesario detenerse a pensar una respuesta. Como el pistolero de un western de los años '50, no esperaba que el otro desenfundara su pregunta: él disparaba primero. Y la víctima siempre era todo intento de conversación, porque era imposible sostener alguna.
Tal era su consideración hacia su propia habilidad para intervenir y resolver las dudas acerca de cualquier asunto, que prestamente respondía aunque la pregunta no estuviera dirigida puntualmente a él.
Cuentan que el personaje en cuestión un buen día cayó en cuenta de que las respuestas que formulaba estaban dirigidas a sus propias preguntas. Al principio le extrañó un poco, pero no le preocupó demasiado.
Finalmente, comenzaron a agradarle esos diálogos consigo mismo. En algún punto tenían una ventaja: ya nadie ponía caras raras ni lo dejaba hablando solo, como hacían sus interlocutores cuando estaba afuera. Incluso creyó advertir cuando él desarrollaba sus inteligentes argumentos en pos de responderse una pregunta, que también el enfermero asentía con su cabeza.
Leído en la apertura del programa 129
viernes, 28 de junio de 2013
miércoles, 19 de junio de 2013
Asfixia de blanco con final feliz
Territorio vasto que me asfixia de blanco, la hoja. Campo non sancto en el que las teclas no disimulan el terror al vacío y se encandilan con un brillo enceguecedor que se parece mucho a la traición y al abandono.
Pero cuando la luz se enciende, la tinta se deshace en puntos que danzan para convertirse en línea, y que de tanto girar y voltear y cruzar y abrir y cerrar se desviven en historias.
Por esas cosas de la ilusión, cuando los ojos finalmente las recorren les es negado el derecho a no haber sido alguna vez. Y está bien que así sea, según entiendo. El triste destino de la historia que se sabe recién arribada, es el de tener que soportar la pena de tal vez no ser contada jamás, negados como tiene sus pliegues para esconder eternidades.
Leído en la apertura de los programas 139 y 536
Pero cuando la luz se enciende, la tinta se deshace en puntos que danzan para convertirse en línea, y que de tanto girar y voltear y cruzar y abrir y cerrar se desviven en historias.
Por esas cosas de la ilusión, cuando los ojos finalmente las recorren les es negado el derecho a no haber sido alguna vez. Y está bien que así sea, según entiendo. El triste destino de la historia que se sabe recién arribada, es el de tener que soportar la pena de tal vez no ser contada jamás, negados como tiene sus pliegues para esconder eternidades.
Leído en la apertura de los programas 139 y 536
miércoles, 5 de junio de 2013
La isla
Sueño, como sueña cualquier citadino, con vivir en una isla perdida en medio del mar. Es de esperar, con toda lógica, que en aquella isla soñada no haya caníbales. Sería muy triste convertirse uno mismo en la respuesta perfecta a los placeres de otros. Y no vivir para contarlo.
Leído en las aperturas de los programas 134, 310 y 417
Leído en las aperturas de los programas 134, 310 y 417
sábado, 25 de mayo de 2013
Un dolor que ocupa mucho espacio
Hoy falleció Elsa Bornemann, demasiado pronto. Escritora genial, padeció como muchos la censura durante los años de plomo.
En aquellos tiempos yo había escrito una canción inspirada en uno de los cuentos de "Un elefante ocupa mucho espacio", que musicalizó mi amigo Rolando Bergen, y le envié a Elsa una carta -tiempo romántico de estampilas y sobres- con unas líneas pidiéndole autorización para usar la idea y la letra de la canción. Al poco tiempo me contestó, también por carta, y me decía que le gustaba mucho la adaptación y que encantada me daría el permiso, pero que el libro estaba prohibido, así que mucho no podía hacer. Se despedía entonces muy amablemente, haciendo votos para que pronto las cosas cambiaran y yo pudiera usar el cuento.
Mi recuerdo y homenaje para una grande que partió demasiado pronto, pero que nos dejó un hermoso legado de paz.
Leído en la apertura del programa 124
En aquellos tiempos yo había escrito una canción inspirada en uno de los cuentos de "Un elefante ocupa mucho espacio", que musicalizó mi amigo Rolando Bergen, y le envié a Elsa una carta -tiempo romántico de estampilas y sobres- con unas líneas pidiéndole autorización para usar la idea y la letra de la canción. Al poco tiempo me contestó, también por carta, y me decía que le gustaba mucho la adaptación y que encantada me daría el permiso, pero que el libro estaba prohibido, así que mucho no podía hacer. Se despedía entonces muy amablemente, haciendo votos para que pronto las cosas cambiaran y yo pudiera usar el cuento.
Mi recuerdo y homenaje para una grande que partió demasiado pronto, pero que nos dejó un hermoso legado de paz.
Leído en la apertura del programa 124
lunes, 20 de mayo de 2013
Mil imágenes
Suele decirse que una imagen vale más que mil palabras pero, ¿cuánto vale una palabra? ¿Cuántas imágenes vale la palabra deseo y cuántas vale mar, o cuantas vale pensar chocolate? ¿Cuantas imágenes aparecen nítidas cuando alguien dice nacimiento o escuchamos gritar ¡gol! o ¡silencio!Un poema, aun naciendo de una imagen comienza siempre con una palabra, para luego disparar miles de imágenes destinadas a quién le presta el corazón.
Ahora lo veo: una imagen vale más que mil palabras sólo cuando con una palabra no podemos dibujar mil imágenes. Esa sería, en todo caso, la imagen de la tristeza. O al menos una de ellas.
Leído en las aperturas de los programas 128, 322 y 552
domingo, 12 de mayo de 2013
Decir pensar tomar soltar
Y digo y pienso y tomo y suelto. Y si muero para renacer y duermo para despertar, lo hago al ritmo de un deseo que mira al horizonte y se detiene a la vera de una pasión propia pero a la vez, ajena.
He decidido, así sin más, hundir en un remanso mis manos ahuecadas para recoger el agua que lava mi alma siempre en vela.
Y sigo siendo. A pesar de esto y de aquello, sigo siendo. Sigo siendo.
Porque no es sencillo decir o pensar o tomar o soltar cuando es uno el que se muere para renacer y es uno mismo quién se duerme para despertar. Pero en eso estamos.
Leído en las aperturas de los programas 127, 452 y 575
He decidido, así sin más, hundir en un remanso mis manos ahuecadas para recoger el agua que lava mi alma siempre en vela.
Y sigo siendo. A pesar de esto y de aquello, sigo siendo. Sigo siendo.
Porque no es sencillo decir o pensar o tomar o soltar cuando es uno el que se muere para renacer y es uno mismo quién se duerme para despertar. Pero en eso estamos.
Leído en las aperturas de los programas 127, 452 y 575
jueves, 2 de mayo de 2013
Mariposas
Miradas que nos relevan de cualquier palabra
y aun de mayores gestos,
sonrisas gemelas que bordean nuestros labios
que de tanto besarse mutan tersos,
si nuestros ojos fueran mariposas volarían
a encontrarse en la flor de los recuerdos
de nuestros momentos de fuego, delicia,
placer, fragancia y calma para luego
volver a posarse sobre esta misma mesa
en la que compartimos pan, belleza, sal y cielo.
Leído en la apertura del programa 170
y aun de mayores gestos,
sonrisas gemelas que bordean nuestros labios
que de tanto besarse mutan tersos,
si nuestros ojos fueran mariposas volarían
a encontrarse en la flor de los recuerdos
de nuestros momentos de fuego, delicia,
placer, fragancia y calma para luego
volver a posarse sobre esta misma mesa
en la que compartimos pan, belleza, sal y cielo.
Leído en la apertura del programa 170
domingo, 14 de abril de 2013
Viceversa
Veinte años tejiendo y destejiendo. Veinte años esperando y desesperando y volviendo a esperar.
Son años que pasan lentos, difíciles, monótonos, como estáticos.
Mientras tanto Penélope, de ella hablamos, tejiendo y destejiendo soporta el agobio de la presencia despreciada y de la ausencia deseada.
Y sin embargo, ya pasaron tres mil de esos mismos años desde que aquella historia fuera contada. Años con sus mismos días, sus mismas semanas, sus mismos meses. Y sus mismas horas, minutos y segundos.
El tiempo, según parece, suele ser injusto con nuestras urgencias. Y viceversa.
Son años que pasan lentos, difíciles, monótonos, como estáticos.
Mientras tanto Penélope, de ella hablamos, tejiendo y destejiendo soporta el agobio de la presencia despreciada y de la ausencia deseada.
Y sin embargo, ya pasaron tres mil de esos mismos años desde que aquella historia fuera contada. Años con sus mismos días, sus mismas semanas, sus mismos meses. Y sus mismas horas, minutos y segundos.
El tiempo, según parece, suele ser injusto con nuestras urgencias. Y viceversa.
Leído en las aperturas de los programas 120, 334, 518
martes, 9 de abril de 2013
domingo, 7 de abril de 2013
Bisturí
En el Tratado sobre la Imbecilidad hallado hace muchos años durante la excavación de los restos de lo que alguna vez fuera el lado oscuro de la Tierra, en la página 1320 párrafo 10 inciso 23 apartado A2 dice:
"El principal instrumento con el que contará el fanático es un bisturí: con él se ocupará de cortar convenientemente la conexión entre su cerebro y su lengua."
Leído en la apertura del programa 119
"El principal instrumento con el que contará el fanático es un bisturí: con él se ocupará de cortar convenientemente la conexión entre su cerebro y su lengua."
Leído en la apertura del programa 119
martes, 26 de marzo de 2013
Pérdidas
No sé en dónde la perdí, pero lo cierto es que me angustié mucho.Era una pavada, sencillita, sin otro valor que el hecho de que me la regaló mi viejo antes de morir. Imaginate.
Cómo, efectivamente, desconozco el lugar en donde la perdí, comencé a caminar todo el tiempo mirando al suelo, a ver si la encontraba, porque en aquellos años mozos todavía creía en las casualidades.
No vi a mis hijos crecer, ni cuando perdí mi trabajo, ni cuando me abandonó mi mujer, ocupado como estaba mirando al suelo. Ahora que estoy aquí en mi lecho sin poder ponerme de pié para buscar el dichoso objeto, empiezo a intuir que hubo mucho valioso cerca mío que no vi por mirar al suelo buscando lo perdido.
Tal vez el destino del tonto sea no poder mirar hacia arriba, ocupado como está intentando recuperar lo que por alguna causa perdió y ya no volverá a encontrar.
Leído en las aperturas de los programas 123 y 441
viernes, 15 de marzo de 2013
Un rato más
Y cuando finalmente llegó a la Luna, comprendió que el combustible de su nave sólo se agotaría si dejaba de soñar.
A pesar de que la hazaña le llevó toda la noche, amerizar sólo le tomó sobresaltarse con el sonido del despertador.
Apenas abrió los ojos, se convenció de que la vida de aquel que levanta vuelo con el sólo impulso de su imaginación suele ser dura, aunque bastante satisfactoria.
Por eso se sacudió el polvo lunar de las medias, y se dio vuelta para seguir durmiendo un rato más.
Leído en las aperturas de los programas 114, 276 y 420
A pesar de que la hazaña le llevó toda la noche, amerizar sólo le tomó sobresaltarse con el sonido del despertador.
Apenas abrió los ojos, se convenció de que la vida de aquel que levanta vuelo con el sólo impulso de su imaginación suele ser dura, aunque bastante satisfactoria.
Por eso se sacudió el polvo lunar de las medias, y se dio vuelta para seguir durmiendo un rato más.
Leído en las aperturas de los programas 114, 276 y 420
miércoles, 13 de marzo de 2013
El silencio

Nada dice más que el silencio cuando no hace falta decir más. O cuando ya no hay más que decir.
No hay música sin silencios: aun en el espacio, los planetas danzan. Si no la oímos, no significa que no haya música allí.
Cuanta verdad hay en el silencio. Y como toda verdad no tiene punto medio: es un amigo consejero, o es un enemigo insoportable.
Como signo de puntuación musical, se usa el silencio para medir la pausa tras una sucesión de sonidos, el descanso. Como signo de identidad de estos tiempos, se usa el silencio justamente para evitarlo.
Leído en las aperturas de los programas 117, 443 y 578
lunes, 11 de marzo de 2013
La línea
Palabra por palabra, recuerdo a recuerdo, una melodía y otra melodía, como un simple y bendito transeúnte de lo que el día me permitió contemplar.
Leído en las aperturas de los programas 113, 307, 465 y 615
viernes, 1 de marzo de 2013
Decires
Decir, le parece sencillo. Sin embargo, sabe que toma un arduo trabajo como de labranza decir aquello que se sabe y no se quiere, o que se quiere y no se sabe, o no se puede.
Un caminante ensimismado marcha bajo su propia carga, sin mirar a los lados. Él en cambio, aligera su mochila y troca carga por palabras, y sigue caminando.
Sabe también que si una palabra se puede sembrar, es de esperar que sea regada y florezca en miles de decires espléndidos, todos igual de fragantes, listos para ser repartidos pero sin podar.
Simplemente, allí están, para ser luego devueltos con una mirada.
Leído en las aperturas de los programas 112 y 445
Un caminante ensimismado marcha bajo su propia carga, sin mirar a los lados. Él en cambio, aligera su mochila y troca carga por palabras, y sigue caminando.
Sabe también que si una palabra se puede sembrar, es de esperar que sea regada y florezca en miles de decires espléndidos, todos igual de fragantes, listos para ser repartidos pero sin podar.
Simplemente, allí están, para ser luego devueltos con una mirada.
Leído en las aperturas de los programas 112 y 445
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