sábado, 18 de febrero de 2017

Anoche soñé

Anoche soñé que era un hombre.

El sueño en cuestión comenzó de una forma un poco aterradora: miraba mi cuerpo y lo veía mutilado, sólo tenía brazos y piernas. De a poco, al acostumbrarme a la idea, mis movimientos se hicieron menos torpes. Hasta más elegantes, me atrevo a afirmar.

Finalmente comencé a moverme entre los otros humanos como uno más, a juzgar por la forma en que los transeúntes me miraban y me saludaban. Algunos de ellos, al menos.

Seguramente esas bayas tan fragantes de un violáceo sospechoso, que engullí con verdadera avidez, han sido las causantes de aquel extraño sueño.

La experiencia de ser un hombre fue muy vívida: comía, bebía, corría, trabajaba, hacía el amor y me reía por tonterías. Pero también despreciaba, maltrataba, depredaba y hasta mentía del mismo modo en que cualquier hombre lo hace.

Mi primer pensamiento al despertarme fue de incredulidad: ¿cómo es posible que el hombre viva de ese modo? Luego, me tranquilicé al comprender que mis propios hijos y aun el planeta entero sobrevivirán sin su presencia, no importa el daño que causen.

Casi sin darme cuenta, ese feliz pensamiento me impulsó al cielo, moviéndome ágil en mi hogar entre los vientos, sintiéndome dueño de la Creación por el simple hecho de volar con mis propias alas.

Leído en la apertura del programa 314

jueves, 26 de enero de 2017

Cuerda cordón

Casi todas las tardes, el cordón de la vereda se revela a modo de cuerda tendida entre los dos postes de la carpa, como en el circo.

Los dos brazos extendidos, como si sostener el equilibrio fuera importante, yéndose la vida en ello.

La amenaza del hilo de agua que sale por los caños y corre paralelo al cordón se convierte en la épica de la tarde, al menos hasta que se apaguen las luces de la pista y el juego deje de ser solitario al solo anuncio de la compañía en el eco de la pelota rebotando en el zaguán.

A veces la cuerda-cordón muta en pista, y el autito de plástico recargado de plastilina cobra velocidades insospechadas, con el piloto favorito de todos al volante.

Pero esa otra emoción dura poco. Muy pronto, la alquimia de casi todas las tardes troca nuevamente el granito en cuerda, una que va de acá hasta la esquina y que por un milagro de niños se pega bien fuerte a las suelas de las zapatillas.

Leído en las aperturas de los programas 315 y 366

Verme en vos

La fragilidad del cristal que me refleja
no sabe de velos ni de vientos.
Me miro en él y solo yo lo veo.
Y aunque mis cenizas me prefieran,
alcanza con abrir la puerta de mis deseos.

Y caigo por un acantilado.

En el fondo, solo rocas y huesos
y nubes y pensamientos.
Me niego, no quiero asomarme,
pero mis pies no resisten
la tentación de mi piel.

Y voy por más.

Rompo los espejos,
seco los lagos,
represo los ríos,
pinto mi ventana.

Solo quiero verme en vos.

Leído en la apertura del programa 308

sábado, 17 de diciembre de 2016

Círculos del Sol

Guardianes como círculos del Sol, cientos de lágrimas desplazadas desde los grandes mares del cielo, abriendo caminos circulares, concéntricos, llegando sin apagar al astro seguramente rojo de envidia pero iluminando al fin.

Tanta luz, me temo, se apaga a los ojos del titiritaje que sufre de sombras, fuera de los círculos del Sol.

Leído en las aperturas de los programas 304, 532 y 657

sábado, 10 de diciembre de 2016

Adiós, amigo Greg

Cosa curiosa que me sucede con la música, en ocasiones siento que un músico es un amigo al que conozco bien. Así de intensa es la identificación que puedo lograr con ciertos artistas, aquellos que logran emocionarme o asombrarme con sus composiciones.

El miércoles partió uno de ellos, uno que me hubiera encantado conocer también en persona, pero bueno, cosas de la vida y de la geografía, no se dio. Pero sí puedo dedicarle este programa para recorrer algo de su historia, y volver a disfrutar y compartir aquellas emociones que lo convirtieron en mi amigo y héroe.

Greg Lake, un amigo, hoy en Gigantes Gentiles.

Leído en la apertura del programa 303

sábado, 3 de diciembre de 2016

Redondo

En este mundo redondo redondo
todo da la vuelta y vuelve por detrás.
Inevitable e inexorablemente
aquello que lances te dará en la espalda.
Aunque no te importe.
Aunque no seas siquiera quién lo lanza.
Aunque supongas que estás lejos y será de otro la espalda.

Roban lejos, los tendrás en tu cuadra.
Gestionan miseria, la tendrás en tu puerta.
Fumigan el campo y lo tendrás en tu mesa.

En este mundo redondo redondo,
todos somos el otro.

Leído en las aperturas de los programas 302, 586 y 669

sábado, 26 de noviembre de 2016

Contrapeso

Dicen que el amor es ciego.
Hay días en los que creo que el odio lo es más.
Y sordo, también.
No ve motivos, no escucha razones.
Y desmemoriado, por cierto, también lo es.
Olvida que la historia no olvida y tiende a repetirse.
Es más, si el odio es muy profundo, olvida la historia.
Dicen también que hay una crisis de valores.
Y es cierto, pero en otro sentido: según qué se valore, sobrevendrá la crisis.
O no.
Sobrevendrá la paz, la inteligencia, la comprensión, la decencia, la humanidad.
Según qué se valore.
El odio destruye en segundos lo que el amor demoró años en construir.
Y dada su condición de ciego, no permitirá al odiante ver que sus pesadas ideas le caen encima.
El fiel de la balanza marcará, implacable, la cantidad de escombro.
Yo prefiero un contrapeso de gestos amables al plato lleno de palabras ciertas.
Pero claro, es esa mi decisión.

Leído en las aperturas de los programas 301 y 550

viernes, 18 de noviembre de 2016

Juegos y ceremonias

Nada hay más serio para un niño que el juego.
Ese trocito de mundo que recorta y del que se adueña, se convierte en una ceremonia única, una cierta celebración de aprender a ser.
Nada menos.
Algo de niños tendremos nosotros todavía, porque nos tomamos muy en serio este juego de la radio.
Un juego de ceremonias en las que celebramos el arte y la palabra.
Son trescientas las celebraciones de nuestro programa, una por cada salida al aire a jugar muy serios a la radio.
Gigantes Gentiles, nuestro espacio amado en donde los juegos son ceremonias.

Leído en la apertura del programa 300

sábado, 5 de noviembre de 2016

Vito Dumas

Dicen que dicen que la soledad 
es la carencia de compañía
y también la melancolía 
por algunas ausencias.
Sin embargo un navegante 
400 días navegó en soledad 
y ahí está el susodicho, 
con su sonrisa sin más.
Se me hace que aquello
no es la soledad, 
y lo digo ahora 
por si alguien me escucha
en este vasto océano:
no hay mejor compañía posible 
cuando la soledad no se sufre.
El resto es endosar necesidades.

Leído en la apertura del programa 316

sábado, 27 de agosto de 2016

Una compañía discreta

"Empezar el día con una voz amable,
una compañía discreta.
Toca esa canción tan escapista
y la música mágica pone tu mañana
de buen humor..."

Así comienza la canción, que no tiene un final feliz. Pero de una manera u otra nos describe: la radio suele ser nuestra compañera discreta en los auriculares, debajo de la almohada o sobre la mesa de trabajo. Por la mañana, las tardes o las noches...

Qué maravilloso es su sencillo modo de crear imágenes a través de las palabras. En eso se parece a los libros, y tal vez por eso la quiera tanto. 

¡Feliz día, eterna radio!

Leído en la apertura del programa 288

sábado, 20 de agosto de 2016

Sueño taimado, la pesadilla

Sueño taimado, el que se convierte en pesadilla.

Traidor, por dos razones: por inesperado, que ataca por sorpresa, y por cambiar la esencia de lugar de espera.

La ciencia los clasifica y enumera, según la data que tiran unos cablecitos pegados a la sesera.

Los poetas, en cambio, tiran hilos de plata para unir palabras que intenten.

Pero entonces viene una pesadilla y nos marca el territorio de temor.

Afortunadamente, tengo otra noche por delante.

Leído en la apertura del programa 287

sábado, 6 de agosto de 2016

Valores

Entran los deportistas. Desfilan un par de horas, ¡son tantos!

Países que apenas conocemos, otros que se odian y sin embargo los vemos juntos, expectantes, emocionados. Y se habla de valores.

¿Seremos eso? Yo creo que sí. Y decime, ¿por qué la estamos pifiando tanto, entonces?

Leído en la apertura del programa 285

sábado, 30 de julio de 2016

Gracias, Raymond

Sentado en la penumbra y a punto de encender el último cigarro de la noche, sus pensamientos se perdían en los ojos de aquella mujer mientras giraba con el dedo el hielo de su Jack Daniels.

Pero no. Ser Marlowe no era lo suyo, aunque lo disfrutaba. Casi convencido de ello, retomó la lectura.

Leído en las aperturas de los programas 284 y 358.

viernes, 15 de julio de 2016

El secreto de la ley

La ley en mi pueblo es secreta. Bueno, secreta precisamente no, pero sí lo es su contenido. Me explico: todo el mundo sabe de su existencia, y algunos de los ciudadanos han llevado al extremo su celo por la ley recitando de memoria su número, y van de aquí para allá declamándolo. Pero del contenido, nada. Nadie sabe exactamente qué dice, de qué trata, cuál es su texto. La situación es en extremo complicada: los habitantes del pueblo transcurren sus días entre la duda de no saber qué hacer para no quebrar la ley y el temor de que les caiga con todo su peso por haber hecho algo malo sin saber qué. Mientras tanto el Alcalde, quién secretamente conoce al detalle el texto, hace lo que le place sin que nadie se atreva siquiera a sospechar de él.

Leído en la apertura del programa 283

sábado, 9 de julio de 2016

En tiempos de dependencias

Usualmente, lo formal dista bastante de lo real.

Discursos, desfiles, pompas y circunstancias varias no negarán salvo para el ciego, 200 años de estar en veremos.

Por eso me cuesta hablar de independencia en tiempos de dependencias varias.

La otra historia, aquella famosa que no escriben los que ganan y sólo puede leerse en las caras, no es la que cambia espejos españoles por otros barros extraños, sino que se juega cada día en las calles de cada rincón del país. De todo el país.

Mientras haya un pibe con hambre, un adicto en las calles, un padre sin trabajo, un viejo abandonado en el tiempo o un joven postergado y se continúen sus razones, la independencia no será.

200 años casi que no alcanzan. Sigamos hasta lograr que una celebración sea posible.

Leído en la apertura del programa 281