"Del barrio La Mondiola sos el más rana
y te llaman Garufa por lo bacán;
tenés más pretensiones que bataclana
que hubiera hecho suceso con un gotán."
En aquellos lejanos años del tango Garufa la bataclana era una mujer de vida disipada -ustedes me entienden- sólo comparable a las coristas de la compañía teatral parisina Bataclan, de paso por la pacata Buenos Aires de 1922.
Justamente ayer El Bataclan volvió a hacer suceso pero esta vez no con un gotán sino con una banda de rock, y en unas primeras planas cargadas de una larguísima serie de imágenes de horror y muerte.
Cuando Doña Leonor, católica de ley, le preguntó a Borges por los rumores acerca del agnosticismo de su hijo, el autor de "El Aleph" echó mano a su lúcida ironía:
-Lo que pasa, madre, es que el infierno y el paraíso me parecen desproporcionados. Los actos de los hombres no merecen tanto.
Pero creo que a veces uno se equivoca -si me permite, maestro-, y este parece ser el caso: las más de las veces nos creemos unos ranas como el Garufa del tango mientras vamos creando nuestro propio infierno. Merecido, además.
Afortunadamente, también somos capaces de entender que lo contrario de la vida no es la muerte sino el olvido, y en la búsqueda de sostener la memoria revivimos. Nada tan parecido al paraíso como eso.
Leído en la apertura del programa 252
sábado, 14 de noviembre de 2015
sábado, 7 de noviembre de 2015
Figuras
Un tiempo. Una palabra. Y amanece.
El largo pasillo se ilumina con un sol que minutos antes parecía negárseme en la noche larga.
Alcanzo a ver entonces el único detalle que me advierte que algo diferente sucede: por la puerta entreabierta del final se escapa un hilo de luz que delata a unas figuras que atraviesan el aire.
Son siete u ocho, no alcanzo a contarlas pero parece ser ese el número de ellas que se dejan ver.
Y una música.
Recién me percato de ella pero intuyo que sonaba desde hace largo rato, a juzgar por el cansancio que muestran las sombras danzantes.
Una aguda nota de violines parece alertar sobre la inminente desazón.
Es inevitable.
Todo sueño debe terminar.
Leído en las aperturas de los programas 254, 512 y 562
Leído en las aperturas de los programas 254, 512 y 562
domingo, 1 de noviembre de 2015
Poesía autopsia
Un amigo me dijo que escribir poesía es poner en palabras nuestra autopsia.
Por pura etimología, "autopsia" es "ver por uno mismo". Tal vez sólo se trata de pasar al papel lo que uno ve, y va y lo cuenta.
Pero lo que uno ve y cuenta no siempre es un cadáver: a veces es un fantasma, a veces es un sueño, a veces es... nada, sólo palabras.
O tal vez sí, y se trata la autopsia de nuestra esperanza más que de nosotros mismos. O de un viejo amor que murió lentamente. O de una estrella que dejó de iluminarnos en cuanto salió el sol. Y cosas así.
Leído en la apertura de los programas 251, 511, 538 y 643
Por pura etimología, "autopsia" es "ver por uno mismo". Tal vez sólo se trata de pasar al papel lo que uno ve, y va y lo cuenta.
Pero lo que uno ve y cuenta no siempre es un cadáver: a veces es un fantasma, a veces es un sueño, a veces es... nada, sólo palabras.
O tal vez sí, y se trata la autopsia de nuestra esperanza más que de nosotros mismos. O de un viejo amor que murió lentamente. O de una estrella que dejó de iluminarnos en cuanto salió el sol. Y cosas así.
Leído en la apertura de los programas 251, 511, 538 y 643
martes, 13 de octubre de 2015
El vago
(Escrito y leído por Alejandro Guarino.
Publicado originalmente en Teesperojuana.blogspot.com.ar.
¡Gracias, Ale!)
El vago vuelve tarde del trabajo.
Pasó por un bar y se gastó los, pocos, pesos que tenía en una ginebra.
En ese bar, todos saben que es un vago. Que agarra changas porque de todos los trabajos lo echan por vagancia.
El vago llega sigiloso a la pensión donde habita, pues sabe que si lo escucha Doña Cata, le va a reclamar los tres meses de renta que le adeuda.
El vago entra a su pieza y se tira sobre la cama sin hacer. Sobre el techo, las manchas de humedad van creciendo. Doña Cata le dijo que si las limpiara, se lo descontaría de lo que le debe, pero el vago prefiere acostarse sobre su lecho boca arriba y mirar como se esparcen y transforman las figuras sobre el cielo raso.
El vago tiene un vago recuerdo de su familia, a la que no llama desde hace tiempo.
Se vino para la ciudad porque allá, en el pueblo, no había nada por hacer y siempre le dio vergüenza de que lo llamaran vago. Y el vago tiene unas ganas enormes, terribles de llorar, pero no lo hace, de puro vago nomás.
Leído en la apertura del programa 247
lunes, 12 de octubre de 2015
Volver
El exilio es partir sin saber adónde
Y también volver sin saber a qué.
Exiliado entre caras conocidas,
Lugares ya recorridos,
Certezas insospechadamente frágiles,
Promesas sin definir,
Los cielos se nublan y llueve
Con unas gotas pesadas,
Parecidas a todas, en todas partes.
Pero algunos días
Y en algunos lugares
Calan hasta los huesos
Y duelen.
Leído en la apertura del programa 249
Y también volver sin saber a qué.
Exiliado entre caras conocidas,
Lugares ya recorridos,
Certezas insospechadamente frágiles,
Promesas sin definir,
Los cielos se nublan y llueve
Con unas gotas pesadas,
Parecidas a todas, en todas partes.
Pero algunos días
Y en algunos lugares
Calan hasta los huesos
Y duelen.
Leído en la apertura del programa 249
sábado, 3 de octubre de 2015
Cuando sueño con ella
A veces me enoja despertar,
sobre todo cuando sueño con ella.
sobre todo cuando sueño con ella.
Está allí, hablamos y hasta nos amamos
en ocasiones,
pero despierto y ¡paf!
en ocasiones,
pero despierto y ¡paf!
se fue, no está más.
Luego recuerdo
que en mi despertar la realidad no existe,
sólo los sueños.
que en mi despertar la realidad no existe,
sólo los sueños.
Y se me pasa.
Por un rato al menos,
hasta el próximo despertar.
Leído en las aperturas de los programas 246, 618 y 683
hasta el próximo despertar.
Leído en las aperturas de los programas 246, 618 y 683
sábado, 26 de septiembre de 2015
Barcos en tierra
La calma estalla
mientras las luces oscurecen todo.
Inunda la sequía
el vasto plano de una mota que se adhiere al agua.
Mientras tanto,
la marcha de nadie se vacía de penas en alma,
y los barcos anclan
en los campos del interior de las ciudades.
Nadie de por aquí
está presente en su imponente ausencia.
Todos investigan
mientras simulan estar distraídos con otras atenciones.
Y la vida sigue,
deteniéndose a cada paso de un camino que no es.
Leído en las aperturas de los programas 245 y 352
Leído en las aperturas de los programas 245 y 352
viernes, 25 de septiembre de 2015
Que me queda
Saltando de cornisa en cornisa
a través del denso aire
húmedo y neblinoso,
sigo el juego del silente
enamorado
que se sabe liado
por el frágil hilo
que une viento y roca,
sueño y despertar,
dunas y pinares,
elementos de a pares,
soledades de a miles,
y el silencio del viento.
¿Se sabe vital el agua,
dorado el oro,
necesaria la sal,
fresca la brisa que corre en verano?
¿Se conoce a sí misma
la tragedia que transcurre
en el escenario?
¿Se traslada por su cuenta
el río que se desangra en el mar?
Y yo, mientras sé que me sé,
como un amasijo de pretensiones
que duermen en el banco
más raído de la plaza,
hago como que me pregunto
para olvidar que ya sé la respuesta.
Seguramente el denso aire
no será capaz de sostenerme ni saber.
Esa es la pequeña alegría
que me queda.
Leído en las aperturas de los programas 256 y 715
Leído en las aperturas de los programas 256 y 715
viernes, 18 de septiembre de 2015
Jamás un monstruo hablará de otro monstruo.
En la variante cortazariana de la mitológica ave Roc, el odio filial pone a un monstruo a hablar de otro monstruo. Pero confieso que, luego de haberlo meditado largamente, creo que no deberíamos ser tan desconsiderados como para suponer que todos los monstruos cometen semejante acto de traición.
Es más: yo apoyaría fervientemente la idea de que jamás un monstruo habla de otro monstruo porque es seguro que desde pequeños aprenden a no hacerlo, y van confirmando tal tradición de leyenda en leyenda y de turba en turba, a medida que las van sufriendo.
Sería lógico, luego de tantas epopeyas y de tanto combate con igual cantidad de héroes, de tantos viajes a lo inhóspito y desconocido, y de tanto nacimiento extraordinario por lo épico y entreverado, que fuera así.
¿Cómo irían a quebrar ese monstruoso acuerdo cuando un Dante, por poner sólo un ejemplo, convirtió a algunos en guardianes del infierno? ¿Quién no se llamaría a silencio ante semejante destino? Echar raíces en el imaginario culposo de la humanidad como entidades agazapadas y listas a pegarle a cualquiera un buen susto en algún bosque, río, fuente, mar o isla, es una tan ardua como inmerecida tarea.
Pero claro, antes y después de Ctesias, Plinio y Herodoto siempre habrá panonios, pigmeos o cinocéfalos encontrándose para un trago en humana fantasía con Endriago, el Patagón o el Cerviferno.
Y tal vez Gilgamesh y las sirenas y los centauros y las arpías y el basilisco, y hasta un ogro y un licántropo seguirán haciendo de las suyas entre libros ajados, cátedras eruditas y floridas ignorancias. Pero podríamos asegurar con bastante certeza que jamás un monstruo hablará de otro monstruo.
Leído en la apertura del programa 268.
Es más: yo apoyaría fervientemente la idea de que jamás un monstruo habla de otro monstruo porque es seguro que desde pequeños aprenden a no hacerlo, y van confirmando tal tradición de leyenda en leyenda y de turba en turba, a medida que las van sufriendo.
Sería lógico, luego de tantas epopeyas y de tanto combate con igual cantidad de héroes, de tantos viajes a lo inhóspito y desconocido, y de tanto nacimiento extraordinario por lo épico y entreverado, que fuera así.
¿Cómo irían a quebrar ese monstruoso acuerdo cuando un Dante, por poner sólo un ejemplo, convirtió a algunos en guardianes del infierno? ¿Quién no se llamaría a silencio ante semejante destino? Echar raíces en el imaginario culposo de la humanidad como entidades agazapadas y listas a pegarle a cualquiera un buen susto en algún bosque, río, fuente, mar o isla, es una tan ardua como inmerecida tarea.
Pero claro, antes y después de Ctesias, Plinio y Herodoto siempre habrá panonios, pigmeos o cinocéfalos encontrándose para un trago en humana fantasía con Endriago, el Patagón o el Cerviferno.
Y tal vez Gilgamesh y las sirenas y los centauros y las arpías y el basilisco, y hasta un ogro y un licántropo seguirán haciendo de las suyas entre libros ajados, cátedras eruditas y floridas ignorancias. Pero podríamos asegurar con bastante certeza que jamás un monstruo hablará de otro monstruo.
Leído en la apertura del programa 268.
sábado, 12 de septiembre de 2015
Únicamente la pelusa
Guerra contra la corrupción.
Guerra contra las adicciones.
Guerra contra inflación.
Guerra contra la deserción escolar.
Guerra, guerra, guerra.
Como que nos gusta esa palabra.
Guerra.
Y los medios, tomando parte en esa guerra, en su repugnante mezcla de celulosa y bits nos convencen de que los pobres roban porque son pobres, los ricos roban porque son ricos, los políticos roban porque son políticos.
El tipo de a pie va entonces y se revuelca en el mismo barro, y roba discretamente un clip de la oficina mientras elude multas de tránsito al ritmo de su también discreta corrupción de cada día, en un resignado y curioso modo de tomar las armas porque finalmente también cree que la única opción es la guerra.
Pero lo cierto parece ser que la única guerra real es la que libramos contra nuestra propia estupidez. No habría otras, probablemente, de no haberles permitido convencernos de que somos tan inteligentes como para mirar únicamente la pelusa de nuestro propio ombligo.
Leído en las aperturas de los programas 243 y 365.
Guerra contra las adicciones.
Guerra contra inflación.
Guerra contra la deserción escolar.
Guerra, guerra, guerra.
Como que nos gusta esa palabra.
Guerra.
Y los medios, tomando parte en esa guerra, en su repugnante mezcla de celulosa y bits nos convencen de que los pobres roban porque son pobres, los ricos roban porque son ricos, los políticos roban porque son políticos.
El tipo de a pie va entonces y se revuelca en el mismo barro, y roba discretamente un clip de la oficina mientras elude multas de tránsito al ritmo de su también discreta corrupción de cada día, en un resignado y curioso modo de tomar las armas porque finalmente también cree que la única opción es la guerra.
Pero lo cierto parece ser que la única guerra real es la que libramos contra nuestra propia estupidez. No habría otras, probablemente, de no haberles permitido convencernos de que somos tan inteligentes como para mirar únicamente la pelusa de nuestro propio ombligo.
Leído en las aperturas de los programas 243 y 365.
sábado, 5 de septiembre de 2015
Deseantes
Migrar es inherente a la especie humana. Por aquello del instinto de conservación de la especie, etcétera.
Se compara el entorno con uno diferente y, como suele suceder, aquel otro es mejor, más brillante, de mejor suerte.
Se compara el entorno con uno diferente y, como suele suceder, aquel otro es mejor, más brillante, de mejor suerte.
Lo cierto es que tal vez sea la única y dura ocasión en que el hombre se da cuenta de que se salva en masa y no individualmente.
Entonces emigra buscando un futuro mejor para encontrarse solamente con un pasado que no es peor pero es algo.
La triste noticia no es que alguien muere inmigrando sino deseando.
Podríamos mirar alrededor, entonces.
No hace falta ir muy lejos para ayudar a los deseantes en la difícil tarea de migrar.
Leído en la apertura del programa 242
Leído en la apertura del programa 242
domingo, 23 de agosto de 2015
Celda oscura
-Viste como es eso de estar solo -dijo, y sin esperar mi respuesta agregó- no, vos que sabés...
Hizo un silencio como para tomar aire.
-Mejor me callo, mirá. ¿Cómo vas a saber? ¿Cómo vas a entender? ¿Quizás alguna vez sentiste en el pecho la ausencia de quien ya no volverás a ver? ¿Nunca te latió el corazón de tal modo que parecía escapar del pecho cuando entendiste que nadie está a tu lado si no es por...?
Entendí la interrupción como un modo de evitar soltar alguna lágrima, pero no fue así porque continuó:
-Y no me pongo a dar ejemplos porque sos joven, y terminarás sospechando que estás oyendo a un viejo loco y querrás escapar de mi como de la peste. Pero dejame decirte, volviendo a mi idea de soledad, que no hablo yo de suponer o sospechar sino de la seguridad de saberlo, como si un rayo de realidad te partiera al medio o se abriera una puerta en una celda oscura dejando entrar un haz de luz cegadora, así.
-Bueno, pero la verdad es que... -atiné a balbucear en un intento de cambiar no sólo el clima de la conversación sino ya mi propio ánimo con alguna verdad de Perogrullo con tintes algo más optimistas, pero no pude. Me ignoró y siguió su monólogo:
-No espero que me entiendas. Insisto con tu juventud: todavía pensás que la vida es bella y el amor es el remedio a todos los males de este mundo, por eso no te culpo. La vida es así y la juventud es así. Pero no trates de convencerme, haceme el favor. La vida ya lo intentó antes, a su modo. Por eso no hay nadie más resignado que yo a lo que queda: la soledad. Y los recuerdos. La memoria de aquellos tiempos en los que yo como vos, creía que la compañía me libraba de la soledad.
Noté entonces en su rostro y en sus piernas temblorosas que ya no le quedaban fuerzas para sostenerse. Me resigné entonces a mi destino, lamentando no haber tenido mi oportunidad.
Qué triste ironía: él no caería solo.
Hizo un silencio como para tomar aire.
-Mejor me callo, mirá. ¿Cómo vas a saber? ¿Cómo vas a entender? ¿Quizás alguna vez sentiste en el pecho la ausencia de quien ya no volverás a ver? ¿Nunca te latió el corazón de tal modo que parecía escapar del pecho cuando entendiste que nadie está a tu lado si no es por...?
Entendí la interrupción como un modo de evitar soltar alguna lágrima, pero no fue así porque continuó:
-Y no me pongo a dar ejemplos porque sos joven, y terminarás sospechando que estás oyendo a un viejo loco y querrás escapar de mi como de la peste. Pero dejame decirte, volviendo a mi idea de soledad, que no hablo yo de suponer o sospechar sino de la seguridad de saberlo, como si un rayo de realidad te partiera al medio o se abriera una puerta en una celda oscura dejando entrar un haz de luz cegadora, así.
-Bueno, pero la verdad es que... -atiné a balbucear en un intento de cambiar no sólo el clima de la conversación sino ya mi propio ánimo con alguna verdad de Perogrullo con tintes algo más optimistas, pero no pude. Me ignoró y siguió su monólogo:
-No espero que me entiendas. Insisto con tu juventud: todavía pensás que la vida es bella y el amor es el remedio a todos los males de este mundo, por eso no te culpo. La vida es así y la juventud es así. Pero no trates de convencerme, haceme el favor. La vida ya lo intentó antes, a su modo. Por eso no hay nadie más resignado que yo a lo que queda: la soledad. Y los recuerdos. La memoria de aquellos tiempos en los que yo como vos, creía que la compañía me libraba de la soledad.
Noté entonces en su rostro y en sus piernas temblorosas que ya no le quedaban fuerzas para sostenerse. Me resigné entonces a mi destino, lamentando no haber tenido mi oportunidad.
Qué triste ironía: él no caería solo.
sábado, 22 de agosto de 2015
Distracción
Sangre por fuera y piel por dentro.
Y el sentido de las cosas
que no encuentran sentido.
Llueve desde la tierra hacia las nubes,
y los árboles crecen hacia abajo.
Las agujas del reloj corren hacia atrás
ya no marcando horas sino desatinos.
Y la irreductible manía de ser
que tienen las penas que ya fueron.
¡Qué convicción, para tanto artificio!
Cauce que sube y un mar tan dulce.
Y el pulso que en verdad se resiste
muy a pesar de mi desvarío.
Se vuelven rojas las luces de neón
y se me olvidan sus verdes.
Mis pies caminan sin su habitual sed
ya olvidados de pisar en firme.
Y la inconfesable verdad de ya no ver
las dichas que no son del cielo.
Leído en la apertura de los programas 244 y 640
Y el sentido de las cosas
que no encuentran sentido.
Llueve desde la tierra hacia las nubes,
y los árboles crecen hacia abajo.
Las agujas del reloj corren hacia atrás
ya no marcando horas sino desatinos.
Y la irreductible manía de ser
que tienen las penas que ya fueron.
¡Qué convicción, para tanto artificio!
Cauce que sube y un mar tan dulce.
Y el pulso que en verdad se resiste
muy a pesar de mi desvarío.
Se vuelven rojas las luces de neón
y se me olvidan sus verdes.
Mis pies caminan sin su habitual sed
ya olvidados de pisar en firme.
Y la inconfesable verdad de ya no ver
las dichas que no son del cielo.
Leído en la apertura de los programas 244 y 640
miércoles, 19 de agosto de 2015
Antorcha
Solo sabe que fue traza
y río y sed y pedernal,
ardiendo de sol y cal
mientras el tiempo le cae
por la espalda.
Un atajo la cela
rodeada como está
por tiento y estrellas.
Antorcha de piel
con sebo de nostalgias,
no se apaga con la lluvia
porque gusta de ahogarse
en mi pecho.
Leído en la apertura de los programas 240 y 655.
y río y sed y pedernal,
ardiendo de sol y cal
mientras el tiempo le cae
por la espalda.
Un atajo la cela
rodeada como está
por tiento y estrellas.
Antorcha de piel
con sebo de nostalgias,
no se apaga con la lluvia
porque gusta de ahogarse
en mi pecho.
Leído en la apertura de los programas 240 y 655.
sábado, 15 de agosto de 2015
Extraordinariamente único
Qué extraña es la mirada del mediocre.
Ve hacia atrás y hacia los costados, pero nunca hacia adelante.
Por eso podrá mirar la estela e imitarla burdamente
pero nunca verá al navío que la produce.
Vaya ironía esa, la de no tener un norte
perdiendo de aprender y convertirse
perdiendo de aprender y convertirse
de una vez y para siempre,
en alguien extraordinariamente único.
Leído en la apertura del programa 239
en alguien extraordinariamente único.
Leído en la apertura del programa 239
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