viernes, 29 de agosto de 2014

Un final

Todo comienza con un final, según se ve.
El nacimiento, que es el final de un parto con sus miles de incertidumbres.
El anhelo, que atosiga al ahora carente que vio el fin de la pertenencia.
El recuerdo, que comienza con una pérdida que es también el fin de algo. 
Y la soledad, que es el fin del amor.
Y el amor, que termina con la soledad.

Leído en las aperturas de los programas 189, 318 y 606

viernes, 8 de agosto de 2014

Apelativo

Si en verdad temes sufrir de una cierta obsesión cada vez que sucede que te enamoras, recuerda que el apelativo La Maga ocurre muchas veces en Rayuela.

Unas cuatrocientas ochenta y cuatro veces para ser exactos.

Leído en las aperturas de los programas 187 y 480

jueves, 24 de julio de 2014

De mí mismo

Soy cada ladrillo de mi propio muro y también soy cada una de mis muchas grietas. Y soy también cada mancha en mi propia pintura ajada y vieja.

Y soy la argamasa que me une y hasta la misma arena que es mi propia esencia.

De ese muro soy también el cimiento y el talón, la coronación y la puntera. Y me revisto de mí mismo como puedo, porque todo eso también soy.

Soy mi propio muro, pero también soy a quien protejo. No de los otros, sino de mí mismo.

Leído en la apertura del programa 186

miércoles, 16 de julio de 2014

Orgullo mundial

Tal vez si bombardean la tanda con publicidades de maestros dando clases en las escuelas y trabajando en sus propios hogares para completar la tarea del día, mientras una bandera flamea en el horizonte y un locutor imposta pasión en un mensaje cargado de lugares comunes sobre la argentinidad y el coraje, y los padres se juntan en las puertas de las escuelas a declamar el orgullo que sienten por aquellos que educan a sus hijos, y un presidente los reúna a fin de año para decirles a voz en cuello el orgullo que siente por ellos, tal vez recién entonces este pueblo tan emotivo, frágil y vulnerable entienda de una vez por todas, que la educación es importante.

Fuente de la imagen: Educación y sociedad

Leído en la apertura del programa 339

sábado, 12 de julio de 2014

Acusación

Mirá que vos, justamente vos, con todo lo que me conocés y con todo lo que yo te quiero, vos me vengas a acusar a mí de esta manera.

A mí que gasté los tamangos transitando los pasillos de los tribunales de la vida y encaré a los jueces más adustos y severos y todos ellos sentenciaron mi inocencia en tal asunto.

A mí que escribí cientos de páginas relatando mi historia en épicos poemas refutando la fea acusación y demostrando su falsedad.

A mí que he hecho tantas cosas en mi vida que desmienten ésta tu ingenua creencia.

Mirá que vos, justamente vos, con lo que yo te conozco y vos me querés, me vengas a acusar a mí, justamente a mí, de inteligente.

Leído en la apertura del programa 183 y 258

martes, 17 de junio de 2014

Clavas al aire

Hálito de luz en soberbia estela
traza sus penas sobre una línea blanca,
tanto que se allana en solitaria espera
más por certidumbre que por miel.
Y si en malabares lanza las clavas al aire
un mago de enero que se niega al llanto,
tendremos una voz para desligar la pena
o esperar otros vientos para trazar la piel.
Si ahora río y más tarde ya no siento
sin confiar en la brisa de aliento tan largo,
tu mañana, mi abril, tu letargo y mi viento
quedarán perplejos en su cierta sed.

Leído en las aperturas de los programas 180 y 357

lunes, 9 de junio de 2014

Larga distancia

-El lunes paso, cierro y me llevo todo- dijo, y cortó la llamada de larga distancia.

Noté que no intentó siquiera esperar mi reacción del otro lado de la línea, que por otra parte había sido hasta entonces sólo silencio, porque no hacía otra cosa que pensar en que era viernes y tenía nada más y nada menos que tres días para comenzar de nuevo con mi vida.

Otro nuevo comienzo, tan incierto y atractivo como lo son siempre.

Leído en la apertura del programa 182

lunes, 26 de mayo de 2014

Tabaco

Hay dos cosas que me están matando: el tabaco y tu cuerpo.

Uno de ellos es un vicio atroz que me consume cada vez que me lo llevo a la boca.

El otro es, esencialmente, humo.

Leído en las aperturas de los programas 177, 328 y 561.

sábado, 24 de mayo de 2014

Grieta abierta

Un extraño viraje obligado frente a aquella oscura grieta. 
Una tan abierta y súbita, que sobreviví apenas.

Es una boca de tinieblas que no aplaca siquiera este brillo,
destello que apacigua y apaga la vena abierta.

Un viaje hacia la libertad que es un recorrido a plena luz,
parece cierto cuando me dice qué hacer con este miedo lastre.

Y como todo viaje, se parece tanto este periplo mío
a un sacrificio en ciernes y su descarnado alerta.

Pero algo sería tan doloroso como negar mi suerte:
dejar que la vida siga, áspera de tan inerte.

Leído en las aperturas de los programas 185 y 602.

viernes, 16 de mayo de 2014

Keep calm?

Keep calm. Mantén la calma y posterga en paz.
Tómalo con calma. Take it easy.

"Si tomas la pastilla azul, fin de la historia. 
Despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creer."

Dieciséis mil millones de dosis lo garantizan,
una por cada dólar ganado en el último mes.

"Nosotros te empastillaremos", avisa la Reina,
olvidándose del juego una vez más.

No es fácil comprender hasta dónde llega la madriguera
si uno piensa en las antípodas mientras está cayendo.

Leído en la apertura del programa 175

lunes, 5 de mayo de 2014

Escritas de nosotros

A modo de paréntesis entre dos cielos, el de verte ahora y el de abrazarte luego, hay ausencias que se corporizan en el sólo acto de pensarlas.

En aquel milagro todas las formas parecen posibles. Cómo si estuvieran escritas de nosotros.

Leído en la apertura de los programas 174, 250 y 508

Fin

El día en que me abandone la inspiración, ese día me sentaré y no escribiré lo siguiente.


viernes, 2 de mayo de 2014

No le temo a la tristeza

Ya no le tengo miedo a la tristeza. Es tanto lo que se pierde o simplemente se va, se esfuma o se escurre entre los dedos, últimamente. Por eso ya no le temo.

Y de mucho de aquello que partió no tuve tan siquiera, ya no la fortuna de detenerlo sino una oportunidad de arrepentimiento. O la de esperar simplemente un vuelto. Se es espectador en ocasiones.

Fueron alguna vez y dejaron de serlo, como la misma vida manda. Mi viejo, aquella guitarra, algún sentimiento.

Y entonces sólo queda la sal de una lágrima, la tierna obsesión por una foto raída, apenas una sensación -nada menos- grabada a fuego en algún pliegue del alma. Y cosas así.

Por eso no le temo a la tristeza. Tampoco la niego.

Como que tenemos algo parecido a un pacto: ella me recuerda que puedo ser feliz cuando quiero. Yo le prometo a cambio no enamorarme de ella mucho más que por un tiempo, lo que deba durar. No le temo.

Leído en la apertura del programa 173.

jueves, 17 de abril de 2014

El cofre

Me detengo un momento para abrir la ligera tapa del cofre y mirar en su interior. A pesar de mis obsesiones, los objetos no están muy ordenados y se nota a simple vista que fueron ocupando lugares a medida que aparecieron o sucedieron, sin mayor estrategia o cálculo.

Podría enumerarlos casi de memoria, sin mirar: fragmentos de cielo, manojos de estrellas fugaces, una luz bastante tenue, cintas con grabaciones de suspiros, trozos de papel con anotaciones en tinta invisible, una luna con su correspondiente eclipse, la impresión de una mirada sobre mi alma, un manojo de hojas secas de aquel otoño y una maraña de cabellos húmedos recién salidos de la ducha. Entre otras muchas, muchísimas cosas. 

Porque además hay palabras. Montones de palabras. Seguramente hice bien en guardar muchas de ellas, aunque confieso que me tienta quitar y arrojar a la basura algunas que no deberían quedar allí. Pero no, decido dejarlas porque también son mías y necesito conservarlas hasta que pueda mejorarlas o definitivamente callarlas. 

¿Y los silencios? ¿Qué hacer con ellos? Decido dejarlos también. No me gustan, lo confieso, pero no los puedo negar. Fueron.

Vuelvo a mirar adentro del cofre -me distraje por un momento, ensimismado en mis pensamientos-, y me aseguro de que quede espacio para guardar lo mucho que aún resta aparecer, suceder y arreglar.

Lo cierro, sintiéndome muy afortunado. Puedo seguir guardando aquellas cosas hasta que se le deba echar llave a la ligera tapa, vaya uno a saber cuando.

Leído en la apertura del programa 172

Gabo

Desde aquella adolescencia con "Cien años de soledad" y ya de grande con "Relato de un náufrago" -las que más me cautivaron-, no tengo más que gratitud por ese hombre que se metió entre mis lecturas más queridas.

Tal vez como con la partida del Flaco Luis Alberto Spinetta, sentí al enterarme que realmente otra etapa de mi vida y mi aprendizaje se cerraba hoy.

Afortunadamente, queda la obra. Monumental y admirable, y también entrañable y del todo nuestra.

Se nos fue el Gabo.