sábado, 20 de febrero de 2016

Mutaciones

Ciudad. Noche. Calma.

No parece el río de oficinistas,
la marea de oportunistas,
aquella oleada de locos apresurados,
ese maremoto de vehículos
que me embisten y empapan 
durante el agitar del día. 

No, es otra cosa. Diferente.

Es un desierto de asfalto,
un páramo de baldosas húmedas,
un baldío de bolsas diezmadas,
un yermo despojo peligroso
que escabulle sus incertidumbres
durante el silencio de la noche.

Leído en la apertura del programa 262.

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