viernes, 9 de septiembre de 2011

Una mueca sonriente

-Seguramente te resultará obvio, pero me di cuenta de que la vida está hecha de pequeños detalles.

Dicho esto, se llamó a silencio. Supo con absoluta certeza que ella había captado su mueca sonriente al decirlo, porque nunca jamás se le escapa un detalle. Es más, quién lo había educado en el delicado arte de captar lo sutil y transparente de los pequeños gestos había sido justamente ella: aquella nota escrita y enviada a tiempo, esa mirada de aprobación, un suspiro antes de una respuesta complicada. En fin, detalles.

Él había consumido casi la mitad de su vida -al menos, esa parte del total que suponía viviría- mirando, buscando, intentando asombrarse con los grandes momentos, las situaciones espectaculares, las respuestas resonantes y hasta los regalos sorprendentes. Pero claro, siempre llegaba a la misma conclusión:

-Es lindo, pero...

Ahora que comprendía los secretos de la sutileza y la maravilla de los detalles, disfrutaba detenerse ante las pequeñas cosas, los bellos instantes o los cruces casuales -como aquella vez que se quedó absorto mirando como un joven hacía un cisne con el papel metalizado de los cigarrillos y se lo regalaba a su chica, que lo agradecía como si hubiese recibido el diamante más brillante del mundo. Pero él no admiró en ese momento la destreza del muchacho, claro, sino la belleza de los detalles: la perfección del cisne de papel, la expectación de ella ante el artista creando, la cara del enamorado delatando su enamoramiento.

Tal como él suponía, ella advirtió aquella mueca, pero como especialista en detalles que era también se dio cuenta de que él se había escapado ensimismado en aquellos pensamientos y estuvo a punto de reprocharle:

-Si, y sería un buen detalle que te quedes aquí conmigo en vez de perderte en tus grandes historias y recuerdos.

Pero no, no se lo dijo. Después de todo, él había dicho una gran verdad y ella no quiso perderse el detalle de sentir cuanto disfrutaba de verlo así, con aquella mueca sonriente.

Leído en la apertura del programa 218.

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