jueves, 16 de enero de 2014

Ella en el piano

Se sentó y puso su atención en las teclas. Yo puse entonces mi atención en ella.

Sus dedos rozaban cada nota intentando recordar aquella vieja melodía de cine. Mientras tanto, aproveché su descuido una vez más y comencé a observarla con atención. Aunque confieso que mirarla es ya casi una obsesión de mi parte.

El piano obedecía a su toque del mismo modo que suele hacerlo mi corazón a su sola mirada. Cada nota dibujaba la melodía, haciéndola reconocible y convirtiéndola en el acompañamiento perfecto para mi embelesamiento.

Y así fueron avanzando los acordes, los minutos y mis latidos.

Definitivamente, es una gran artista. Nadie acompaña a mi alma cuando le canta, como lo hace ella.

Leído en las aperturas de los programas 166 y 296

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