domingo, 1 de septiembre de 2013

Puesto a contar historias

Puesto a contar historias, el reloj necesita ser comprendido. De lo contrario es un frío, complejo e intrincado sistema mecánico de medición, y sólo eso.

Paso a explicarlo. Como todo el mundo sabe, mirarlo para nada más notar que el tiempo transcurre es una obviedad, y además tediosa. Y triste, también. No hay nada más penoso que repetir con la mirada ese ir sin venir: aunque para el artefacto sea sólo una vuelta más, para el observador es un minuto que se desvanece apenas visto. Por eso necesita dicho artefacto, decíamos, ser comprendido.

He aquí el modo en que me encamino a resolver tal cuestión: en lugar de contar las horas, minutos y segundos transcurriendo en círculos, mi reloj me cuenta historias. Y yo se lo permito. De este modo, el tiempo va dejando de ser una triste obviedad para convertirse en un cálido refugio de historias ya contadas.

Leído en las aperturas de los programas 145 y 278

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